Durante un examen de inglés, Alice Rose, una adolescente de catorce años tímida y marginada, no puede dejar de observar a Elijah Lank, el único chico que parece verla.
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Durante un examen de inglés, Alice Rose, una adolescente de catorce años tímida y marginada, no puede dejar de observar a Elijah Lank, el único chico que parece verla. Después de clase, cuando un botón de su blusa se desprende en público, es Elijah quien se acerca para ayudar. Su amabilidad despierta esperanza en Alice, quien lo sigue sin dudarlo cuando él la invita a su casa para colaborar en un proyecto científico. Pero lo que aguarda en el bosque cercano no es lo que ella esperaba.
La vida de Alice Rose transcurre en los márgenes. Recién llegada a la ciudad hace poco más de dos meses, es blanco de burlas constantes en el colegio: sus compañeros simulan que no la ven, sus zapatos tienen suelas de cartón, sus prendas son de segunda mano. Durante un examen de inglés de primer curso, en mitad de una prueba sobre los nombres de Dickens, Alice no consigue concentrarse. No en los libros ni en las preguntas borrosas de la fotocopiadora, sino en la mirada de Elijah Lank, sentado en el pupitre contiguo. Los ojos azules de Elijah, ese chico que la observa de forma distinta a como lo hacen los demás: sin desprecio, sin burla. A diferencia de sus compañeros, Elijah tiene el detalle de hablar con claridad, permitiéndole a ella ver sus labios. Parece que conoce su secreto y, aun así, quiere su compañía.
Cuando sale del colegio, humillada porque un botón de su blusa se le ha desprendido delante de todos, es Elijah quien aparece con un imperdible. Su gesto de atención, su cercanía, encienden en Alice una esperanza febril. Cuando él le propone ir a su casa para que lo ayude con un proyecto de biología, ella acepta sin vacilar. Suben juntos en bicicleta hacia lo alto de Skyline Road, hacia el bosque que rodea su hogar. El camino es largo, el terreno se vuelve boscoso, la civilización queda atrás.
En un claro entre los árboles, entre los cimientos de piedra de una granja abandonada hace años, Elijah le muestra su verdadero proyecto: un pozo profundo cavado en tres semanas. Un agujero donde ha enterrado un gato vivo para documentar el proceso de descomposición. Mientras le explica el lapso de siete meses que ha pasado desde que selló al animal, su rostro cambia. Los ojos que parecían los de una estrella de cine ahora revelan algo más profundo, más distinto. Alice intenta huir. Pero Elijah, sereno y meticuloso, la golpea con una piedra y la arrastra hacia el pozo, donde la deja caer y cubre la abertura. Su curiosidad científica se ha extendido a un nuevo espécimen: quiere saber cuánto tiempo tardará una persona en lugar de un animal.