Colección de documentos del siglo XVI que documenta el marquesado del Valle de Oaxaca. A través de escrituras, cartas y declaraciones, el archivo revela el funcionamiento de la encomienda, los tributos exigidos a las comunidades indígenas…
Descargar
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.
Colección de documentos del siglo XVI que documenta el marquesado del Valle de Oaxaca. A través de escrituras, cartas y declaraciones, el archivo revela el funcionamiento de la encomienda, los tributos exigidos a las comunidades indígenas y los pleitos que enfrentó Hernán Cortés con las autoridades españolas. Estos expedientes muestran tanto las quejas de los pueblos sometidos como las reivindicaciones del conquistador ante la corona.
En enero de 1533, los indios de Cuernavaca entregan al intérprete Pedro García ocho pinturas que documentan sus agravios. En esos códices elaborados según la tradición prehispánica consta el relato de un sistema de tributación que los empobrece: cada ochenta días deben entregar miles de toldillos de algodón, mantas ricas, paños damascados; siembran campos de maíz y algodón, llevan cargas de alimento a las minas, proveen comida diaria para la casa del marqués. Los criados confiscan sus mejores tierras de regadío, toman a sus mujeres como amas de leche, castigan con encarcelamiento a quienes incumplen. Los indios claman: no somos vasallos, somos esclavos.
Este tomo reúne esos documentos cortesianos de mediados del siglo XVI que capturan el momento en que la Nueva España se organiza bajo la lógica de la encomienda. Son cartas de Hernán Cortés dirigidas al emperador Carlos V desde Tehuantepec, donde el conquistador explica el despacho de navíos para explorar la Mar del Sur. Se queja de que los jueces locales entorpecen sus expediciones de descubrimiento, impiden el acarreo de bastimentos, lo persiguen criminalmente. Reclama también sobre el cumplimiento de su merced: los veintitrés mil vasallos que le fueron concedidos aún no le son contados ni entregados completamente; de manera continua le van quitando porciones sin justicia.
Al Consejo de Indias expone sus agravios con mayor claridad. Los vecinos españoles de Antequera fundaron una villa en tierras de su jurisdicción, y tras conseguir título de ciudad, se repartieron molinos, heredades y ejidos sin su consentimiento, vendiendo cargos de regidor como si fueran mercadería. Sus protestas y requerimientos no surten efecto.
Este archivo teje un cuadro preciso del funcionamiento de la conquista: cómo operaba la encomienda en la práctica, cómo chocaban las jurisdicciones del conquistador con la audiencia real y la corona, cómo se saqueaban sistemáticamente los recursos de los pueblos originarios. Las voces de los indígenas —aquellas ocho pinturas que describen su realidad— permanecen como testimonio de una explotación que los jueces de Castilla apenas comprendían desde la distancia.