Una hija regresa a Albisola cuando su padre está muriendo. Renato es un hombre fracasado, alcohólico, inadaptado, que ha sufrido toda una vida de desgracias.
Descargar
Una hija regresa a Albisola cuando su padre está muriendo. Renato es un hombre fracasado, alcohólico, inadaptado, que ha sufrido toda una vida de desgracias. En su funeral, un coche golpea un poste y un vecino toca la trompeta: la marca inconfundible del caos que siempre lo rodeó. A través de sus diarios, de anécdotas de la infancia y de la última conversación grabada, la narradora reconoce que de ese padre brutal y libre heredó lo único que le permite vivir: el rechazo a la domesticación, la vitalidad, la libertad.
Una hija regresa a Albisola en noviembre. Su padre, Renato, se está muriendo de un virus intestinal. Después de una vida entera de desgracias —operaciones quirúrgicas, úlceras, crisis psicóticas, amputaciones parciales— finalmente llegó a los ochenta y dos años. Pero fue ante todo un hombre dominado por una sola pasión verdadera: la botella. En su funeral, el coche fúnebre choca contra un poste. Un vecino, Beppe, vestido como Fidel Castro, improvisa una marcha con la trompeta. La tragedia se convierte en algo distinto: en la marca inconfundible de Renato, su caos, su libertad anárquica. A través de sus diarios —donde escribía sus lingotazos con desprecio por los médicos que quisieron negarle la botella— emergen anécdotas de la infancia: tormentas en el coche, la pequeña rechazando la guardería de las monjas porque su padre comprendía que era un bicho raro como él. De ese hombre aprendió lo único que le permite vivir: libertad, vitalidad, rechazo a toda domesticación. En la última visita viva, la hija filma a su padre. Renato narra un sueño perturbador: entra en una habitación señorial, ve a su abuela pariendo, grita pidiendo ayuda. Él está paralizado, acojonado, no puede hacer nada. Semanas después de su muerte, la narradora despierta con una emoción inesperada: gratitud genuina. Ya no está el Renato destructivo que pegaba, que bebía. Solo permanece su herencia: la capacidad de pasarse el mundo por el forro, de vivir sin domesticación. Regando una planta, le habla en voz alta: Papá, en tu jodida vida me transmitiste algo bueno. No me dejé anestesiar, no me dejé amordazar. Fui concebida sobre una mesa de billar.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.