Alice ha vivido enamorada de Max desde la infancia, pero solo existe en sus sueños. Cada noche bailan en el Museo Metropolitano, viajan por ciudades lejanas, viven una intimidad perfecta. Pero Max no es real.
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Alice ha vivido enamorada de Max desde la infancia, pero solo existe en sus sueños. Cada noche bailan en el Museo Metropolitano, viajan por ciudades lejanas, viven una intimidad perfecta. Pero Max no es real. Cuando su familia se muda a Boston y ella ingresa en la Academia Bennett, Alice se enfrenta a una verdad ineludible: no puede vivir eternamente en el mundo de los sueños. Una novela sobre el amor imposible, la frontera entre la fantasía y la realidad, y el costo emocional de la maduración.
En el vestíbulo del Museo Metropolitano de Arte, Alice y Max bailan bajo arbustos iluminados con lucecitas centelleantes. El mundo se disuelve en torno a ellos: Beyoncé lleva el mismo esmoquin, una galleta Oreo gigante se convierte en su cena, un jabalí africano los observa con afecto. Es una noche perfecta, imposible, mágica. Pero cuando Alice cierra los ojos, todo desaparece.
Desde su infancia, Alice ha soñado con Max cada noche. Es su alma gemela constante, su promesa nocturna, el hombre con el que ha viajado por todo el mundo en la arquitectura de sus sueños. Juntos comparten una intimidad que parece inconcebible en la realidad: diálogos profundos, gestos tiernos, comprensión mutua absoluta. Max siempre aparece con su sonrisa pícara, huele a jabón y madera, la abraza con la intensidad de quien ha estado esperando encontrarla. Cada noche, antes de dormirse, Alice anota en su diario los detalles de sus encuentros, como si documentar lo vivido en sueños pudiera preservarlo, darle sustancia.
Pero existe un problema que Alice ha llegado a conocer demasiado bien: Max no existe. No en Nueva York, no en Boston, no en ningún lugar del mundo real. Max es solo imaginación, creación de su mente, refugio emocional.
Cuando la familia de Alice se muda de Nueva York a la mansión hereditaria en Boston para ocupar la casa de su abuela fallecida, todo cambia. Debe ingresar en la Academia Bennett, una escuela de élite entre estudiantes de familias adineradas y tradiciones antiguas. Su mejor amiga Sophie le advierte que es hora de crecer, de estar con alguien real, tangible, presentable. Pero Alice sigue fiel a Max, sigue esperando noche tras noche. La pregunta que la acosa es tan simple como devastadora: ¿cuánto tiempo puede alguien vivir en los sueños antes de que la realidad se vuelva insoportable?