Octubre de 1901: un diputado llamado Rafael de León, marqués de Pickman, se sienta en el hemiciclo del Congreso. Debería hablar sobre la crisis que agita Sevilla, pero permanece mudo.
Descargar
Octubre de 1901: un diputado llamado Rafael de León, marqués de Pickman, se sienta en el hemiciclo del Congreso. Debería hablar sobre la crisis que agita Sevilla, pero permanece mudo. Tres años después, morirá en un duelo a pistola en las afueras de la ciudad. La Iglesia prohibirá que lo entierren en tierra sagrada, los obreros de su fábrica lo inhumarán a la fuerza en el panteón familiar, y la policía desenterrará su cadáver en la madrugada. Un historiador rastrea los fragmentos de esta historia real, reconstruyendo no solo la vida de un aristócrata manirroto, sino un mundo entero donde el honor se jugaba con pistolas.
En octubre de 1901, Rafael de León y Primo de Rivera, marqués de Pickman, toma asiento en el Congreso de los Diputados. Es un hombre alto y robusto, de enorme bigote. Debería pronunciarse sobre los conflictos que sacuden Sevilla, su ciudad, su fábrica. Pero permanece mudo en su escaño. Tres años después, en 1904, ese silencio habrá sido la menor de sus preocupaciones.
La vida del marqués es la de un aristócrata manirroto que casó con María de las Cuevas Pickman, heredera de La Cartuja de Sevilla, una de las manufacturas cerámicas españolas del siglo XIX. Hombre de fortuna propia que consumió velozmente, Rafael se sostenía mediante préstamos de su amigo el capitán Vicente Paredes, oficial de la Guardia Civil. Pero un rumor corre por Sevilla: el capitán corteja a la marquesa. Una noche, ciego de ira, Rafael abofetea al militar en un teatro.
Lo que sigue es un duelo a pistola en las afueras de la ciudad. Rafael cae muerto de un tiro en el corazón. La Iglesia, amparada por el Estado, prohíbe que lo entierren en el cementerio católico de San Fernando, porque los duelos eran considerados actos contrarios a la moral cristiana. El día del entierro, los obreros de La Cartuja se amotinan y lo inhumane secretamente en el panteón familiar. Aquella madrugada, la policía municipal desentierra el ataúd y lo traslada al cementerio civil.
Un historiador rastrea los fragmentos de esta historia real, que parece extraída de una novela romántica o de un esperpento valleinclanesco. Su investigación lo arrastra a descubrir la cultura del honor en 1900, los códigos de los duelistas internacionales, la autoridad de la Iglesia sobre costumbres funerarias, y las relaciones entre poderes civil y militar. De un duelo singular emerge el retrato de la España de la Restauración.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.