En el Instituto de Investigaciones Atómicas de Los Ángeles, Pietro Lorelli, portero napolitano, ve su día transformarse en un evento inexplicable.
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En el Instituto de Investigaciones Atómicas de Los Ángeles, Pietro Lorelli, portero napolitano, ve su día transformarse en un evento inexplicable. Tras ver al profesor Lambert entrar al edificio, lo observa salir corriendo minutos después, diciendo haber olvidado unos papeles. Pero cuando Lambert aparece nuevamente en el despacho del director sin haber abandonado el instituto, la lógica se resquebraja. Mientras tanto, la fórmula «astronita» —descubierta por Lambert y destinada a impulsar cohetes a nuevas velocidades— ha desaparecido. Nace un enigma que desafía toda explicación.
Pietro Lorelli, portero napolitano del Instituto de Investigaciones Atómicas próximo a Los Ángeles, ha construido su existencia alrededor de la rutina. Viudo desde hace años, dedica su esfuerzo a su trabajo y a su hija Gina, cuya destreza con los macarrones italianos representa su principal satisfacción. Su tarea es directa: vigilar la entrada, asegurar que todos pasen por el destacamento de policía antes de abandonar el recinto. Un día que parecía ser como cualquier otro.
El profesor Lambert, joven investigador y de modales cordiales, llega al instituto por la mañana. Pietro lo ve atravesar la entrada con una cartera negra, intercambiando palabras sobre la promesa de Lambert de probar en algún momento los macarrones italianos. Minutos después, Pietro lo observa salir nuevamente, afirmando haber olvidado documentos de importancia. Pietro, confiado en que solo ha entrado y salido, autoriza su partida sin pasar por el control obligatorio.
En el laboratorio, el físico Donald Bougarde verifica una fórmula descubierta por Lambert: la «astronita», un combustible capaz de impulsar cohetes a velocidades no alcanzadas anteriormente. Con cuidado meticuloso, Bougarde realiza el experimento en la cámara de pruebas. Los instrumentos registran: ciento ochenta mil kilómetros por hora. Es un resultado notable que comunica de inmediato al director Sam Horroks, hombre de aspecto severo pero carácter justo, quien decide convocar a Lambert para obtener las fórmulas.
Sin embargo, cuando Lambert llega al despacho, sus palabras generan inquietud: las fórmulas han desaparecido. Ante esto, Horroks convoca a Pietro, quien afirma haber visto al profesor abandonar el instituto y su automóvil no ha retornado. Lambert sostiene lo contrario: nunca salió del edificio, entró al laboratorio y ha estado trabajando sin interrupciones. La verificación del estacionamiento revela lo inexplicable: el vehículo de Lambert no está donde fue dejado.
Se abre entonces un misterio: un profesor que desaparece y reaparece de forma simultánea, una fórmula de valor incalculable que ha sido sustraída, y la presencia de algo desconocido acechando en los pasillos del instituto. La desaparición de la «astronita» se entrelaza con la aparición imposible de Lambert, tejiendo un enigma donde la ciencia y lo inexplicable convergen de manera perturbadora.