En una partida de cartas en 1814 Londres, el duque Gervase Saint-Malo gana una deuda contra el señor del Bosque. Como pago, le ofrece a su hijastra Elizabeth Waterstone, una joven seria y educada.
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En una partida de cartas en 1814 Londres, el duque Gervase Saint-Malo gana una deuda contra el señor del Bosque. Como pago, le ofrece a su hijastra Elizabeth Waterstone, una joven seria y educada. Cuando el duque intenta ejercer sus supuestos derechos sobre ella, descubre que Elizabeth es inocente, no la cortesana que esperaba. Su resistencia lo sorprende: ella se defiende con ferocidad, golpeándolo antes de escapar. Así comienza una relación marcada por la tensión y el malentendido.
Londres, 1814. En una asfixiante partida de cartas en una casa alquilada, el séptimo duque de Diable Delamere, Gervase David Saint-Malo, despluma al señor del Bosque con despiadada precisión. No son las guineas lo que le interesa; a los veintiún años heredó fortuna suficiente. Lo que le divierte es observar cómo los hombres desesperados ofrecen lo más preciado cuando se enfrentan a la ruina. Así, cuando el Bosque, sudoroso de angustia, murmura que su hijastra ha ofrecido servicios a otros acreedores, Gervase siente un primer destello de interés atravesando el velo de hastío que lo envuelve.
Elizabeth Waterstone llega a la mansión del duque poco después de medianoche, sacada de la cama por el hombre que legalmente la controla. Viste como institutriz: modesto, recatado, anacrónico. Pero sus ojos grises revelan una inteligencia tranquila que no se doblega ante las circunstancias. Gervase, acostumbrado a mujeres que se desmoronan, tropieza con una fortaleza inesperada.
En la oscuridad de su habitación, el duque intenta reclamar lo que cree le pertenece. Pero Elizabeth no es quien él imaginaba. No es una cortesana desesperada, sino una muchacha de verdad, asustada, defendiendo lo que es suyo. Su resistencia, su dignidad vulnerada, lo despierta a la realidad con violencia: está a punto de violar a una inocente. Cuando intenta detenerla, ella se defiende con un reloj de viaje, golpeándolo sin piedad, escapando hacia el corredor antes de que el duque desplomado comprenda del todo lo que ha sucedido.
Así comienza una extraña convivencia, donde ambos cargan con malentendidos, donde la obligación del uno choca contra la resistencia del otro, y donde el despiadado libertino descubre que existen cosas más complejas que el deseo.
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