En un museo parisino descansa un abrigo gris desgastado, forrado de nutria, conservado en una caja de cartón. Es el abrigo que Marcel Proust portaba durante sus paseos y bajo el cual escribía las noches, arropado en su cama.
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En un museo parisino descansa un abrigo gris desgastado, forrado de nutria, conservado en una caja de cartón. Es el abrigo que Marcel Proust portaba durante sus paseos y bajo el cual escribía las noches, arropado en su cama. Esta prenda humilde y olvidada es el punto de partida de una investigación que trasciende lo material para revelar las historias de pasión, obsesión y devoción que se tejen alrededor de los objetos que pertenecieron a los grandes escritores. Una indagación sobre cómo lo más ordinario puede contener lo más extraordinario.
Cuando Lorenza Foschini se encuentra ante el abrigo de Proust en el Museo Carnavalet, comienza un viaje que la llevará a reconstruir una de las historias más extrañas y cautivadoras de la París literaria del siglo veinte. A través de la investigación de cómo llegó ese abrigo a manos del museo, la autora descubre la figura de Jacques Guérin, un coleccionista apasionado cuya obsesión por Proust fue tan intensa que dedicó la mayor parte de su vida a reunir fragmentos del universo proustiano. La pesquisa comienza cuando la autora entrevista a Piero Tosi, el renombrado diseñador de vestuario que trabajó con Luchino Visconti en un frustrado proyecto cinematográfico basado en La Recherche. Tosi le relata su encuentro con Guérin, un misterioso coleccionista que poseía no solo manuscritos sino también los muebles de la habitación donde Proust escribía, e incluso aquel gastado abrigo que serviría como manta durante las largas noches de creación literaria. La historia de Guérin es en sí misma una novela. Hijo ilegítimo de una madre empresaria pionera, Jeanne-Louise Guérin, quien fundó y dirigió la prestigiosa fábrica de perfumes Orsay, Jacques creció en los márgenes de la sociedad parisina. Su madre fue una mujer de negocios excepcional que desafió todas las convenciones de su época; su padre, Gaston Monteux, un adinerado empresario casado que jamás pudo legitimizar su relación ni sus hijos. Esta condición de bastardía marcaría profundamente a Jacques, quien encontraría en la admiración por Proust un refugio para sus propias heridas y su búsqueda de significado. La fábrica de Orsay, donde Jacques trabajaría durante más de sesenta años, era un mundo en sí mismo: un laboratorio de aromas donde químicos y perfumistas creaban esencias que llegarían a todos los rincones del planeta. Pero fue la obsesión de Guérin por preservar los fragmentos de la vida de Proust lo que lo convirtió en un personaje singular. Su pasión lo llevó a convertirse en amigo de la familia Proust, a coleccionar manuscritos, a asistir a funerales fingiendo ser pariente de personas que podrían haber inspirado los personajes de La Recherche. A través de esta investigación meticulosa, Foschini teje una narrativa que conecta la vida de Proust, la historia de Guérin y sus propios encuentros con los guardianes de esta memoria. El abrigo deviene así una metáfora: una prenda humilde que cubrió no solo el cuerpo de un genio, sino también las aspiraciones, los secretos y las pasiones de quienes lo rodeaban.
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