Una periodista de investigación dedica su reportaje a desenmascarar a los falsos videntes que engañan a la gente crédula. Pero uno de ellos, aparentemente inofensivo, le da un paquete misterioso con una instrucción específica: no lo saque…
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Una periodista de investigación dedica su reportaje a desenmascarar a los falsos videntes que engañan a la gente crédula. Pero uno de ellos, aparentemente inofensivo, le da un paquete misterioso con una instrucción específica: no lo saque durante exactamente quince días. Lo que ocurre después desafía toda explicación lógica, y transforma su certeza en inquietud.
Una sala oscura iluminada por una vela sobre una mesa cubierta con signos zodiacales. Carla, periodista de investigación, se sienta frente a un adivino para el reportaje que la convertirá en una voz reconocida: el fraude de los falsos videntes que engañan a la gente ingenua.
El hombre, vestido con una túnica negra decorada con estrellas fluorescentes, lee sus cartas con curiosa amabilidad. No le ofrece mucho, pero es genuino. Cuando ella se dispone a partir, él comete un acto inesperado: coloca un pequeño paquete en el bolsillo de su abrigo con una instrucción muy específica. No lo saque durante quince días, dice. Carla olvida completamente el asunto.
Su reportaje tiene un éxito arrollador. Ocho páginas completas en el dominical, fotografías de todos los estafadores, testimonios de víctimas. Carla es felicitada, le encargan nuevas investigaciones, su carrera despega. La vida continúa de manera ordinaria.
Pero un día, caminando distraída por la calle, un perro grande escapado la derriba violentamente al suelo. En el exacto instante en que cae, una enorme jardinera de hormigón cae del balcón de un edificio al lugar preciso donde hubiera estado de pie. El animal forcejea sobre ella con inquietante insistencia, buscando algo específico en su abrigo.
Cuando finalmente la separan del perro, Carla mete la mano en su bolsillo. Allí está: el paquete del adivino. Aún falta un día para cumplir los quince. El perro ha estado rodeado de otros animales durante semanas sin reacción alguna. Solo atacó cuando se acercó al paquete que guardaba en su ropa.
Días después, cuando finalmente se atreve a abrirlo, descubre su contenido: dos simples galletitas para perro. Nada más.
El escepticismo de una periodista entrenada en la razón comienza a resquebrajarse. La coincidencia es demasiado exacta, los detalles demasiado precisos. ¿Cómo logró ese hombre conocer su futuro? ¿Cómo pudo preparar su salvación antes incluso de que ella supiese que la necesitaría? Desde ese momento, Carla no puede dejar de pensar en el adivino, en los misterios que envuelven su consultorio.