Una antología que reúne textos anarquistas de los siglos XIX y XX cuestionando el matrimonio institucional. Los autores exploran la contradicción entre libertad individual y fuerza del deseo, interrogando si es posible amar sin mandatos…
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Una antología que reúne textos anarquistas de los siglos XIX y XX cuestionando el matrimonio institucional. Los autores exploran la contradicción entre libertad individual y fuerza del deseo, interrogando si es posible amar sin mandatos sociales. El libro examina la ilusión de reciprocidad, los celos como antítesis de libertad, y propone formas de relación basadas en sinceridad sobre convenciones.
Dos seres se encuentran bajo el impulso del deseo y creen haber descubierto algo puro: una unión sin mediación de Estado ni iglesia, sin contratos legales. Pero la vida común enturbia lo que parecía claro. Los defectos que nadie vio emergen ahora evidentes. La pasión eterna se revela como efímera sobreexcitación pasajera.
Este libro reúne reflexiones, panfletos y escritos anarquistas de los siglos diecinueve y comienzos del veinte que interrogan la posibilidad misma del amor libre. Desde una premisa radical —dos personas pueden unirse sin permiso de terceros—, los autores desentrañan las tensiones que hacen del amor libre un ideal tan frágil como hermoso.
El prólogo de Osvaldo Baigorria establece el marco conceptual: ¿cómo ser libertario en cuestiones del corazón? ¿Hay alguien más parecido a un esclavo que un enamorado? La posesión es la antítesis de la libertad, y sin embargo, el amor nos posee completamente. Algunos proponen comunidades afectivas donde convivan múltiples amores. Otros advierten sobre la imposibilidad de que la reciprocidad sea más que ilusión cuando uno puede amar sin ser amado. Malatesta recuerda que cuando el deseo por otros emerge, ningún principio moral logra contenerlo. Marestan sugiere transformar la pasión en compañerismo, amistad y estima.
La antología no ofrece una respuesta unificada. Mientras unos ven en el adulterio la traición máxima al amor libre, otros lo celebran como libertad conquistada. Lo que el libro sí recupera es una tradición de sinceridad radical: la idea de que el amor, para ser verdaderamente libre, debe abandonar la hipocresía y reconocer los vaivanes incontrolables de los sentimientos humanos. Una propuesta que sigue siendo perturbadora, cien años después.