A las cinco y cuarto de la mañana, Juan Pedro sale de su casa en Venezuela rumbo a un viaje que lo confrontará consigo mismo. Jubilado, medicinas bajo el brazo y conflictos no resueltos, atraviesa un país de carreteras deterioradas y…
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A las cinco y cuarto de la mañana, Juan Pedro sale de su casa en Venezuela rumbo a un viaje que lo confrontará consigo mismo. Jubilado, medicinas bajo el brazo y conflictos no resueltos, atraviesa un país de carreteras deterioradas y alcabalas donde la inseguridad acecha. Lo que busca es un encuentro con Marianna, la mujer que compartió su vida durante años. En ese peregrinaje físico y emocional, Juan descubrirá que los verdaderos obstáculos no son los derrumbes ni los guardias corruptos, sino la dificultad de enfrentar las propias elecciones.
A las cinco y cuarto de la mañana, después de tomar sus medicinas y desayunar, Juan Pedro emprende un viaje que lo llevará a reencontrarse con su pasado. Sale de su casa en Venezuela, un hogar grande que ha construido con devoción durante quince años, rodeado de jardines cuidados donde crecen orquídeas traídas de diversos rincones del país. Es un jubilado que vive en la tensión entre lo que fue y lo que es: un hombre que viajaba frecuentemente en su juventud, quien conocer sitios nuevos era su mayor anhelo, pero que en años recientes ha permanecido más en casa, junto a su esposa Julia, quien ha llegado a acostumbrarse a su presencia.
El viaje que emprende esa madrugada es delicado. Debe encontrarse con Marianna, una mujer profesional que abandonó la capital en busca de una vida más auténtica, más cercana a la naturaleza y a la gente. Ella construyó una posada en una región de montaña, transformó su existencia bohemia urbana en una vida serena y laboriosa. Fueron amigos con derechos durante más de diez años, pero hace casi uno Marianna le pidió distancia absoluta: cansada de la ambigüedad, de la falta de definición de Juan, lo alejó de su vida. Desde entonces han existido pequeñas señales de acercamiento, hasta que Juan se atrevió a llamarla con una proposición urgente: necesitaba verla para hablar de algo de suma importancia.
Juan atraviesa un país convulsionado. Las carreteras que serpenteaban verdes en su juventud ahora están plagadas de inseguridad. Debe sortear alcabalas donde guardias corruptos detienen vehículos con pretextos inventados, buscando sobornos. Las rutas que le traen recuerdos de su época de estudiante ahora revelan un paisaje transformado: donde hubo haciendas de caña de azúcar y cultivos exuberantes, hoy hay caos urbano y construcciones desordenadas. La escasez de repuestos y combustible hace que los venezolanos prefieran quedarse en casa, temerosos de que sus vehículos se descompongan sin posibilidad de reparación.
El viaje es largo, lleno de obstáculos. Una lluvia nocturna causa derrumbes que cierran la carretera durante horas. Juan espera, lee, intenta preparar mentalmente el encuentro. Se detiene en una taguara a comprar Tubazo, un aguardiente local que le ayude a encontrar valor. Porque más allá de los paisajes que atraviesa, lo que realmente lo atemoriza es enfrentar a Marianna. Teme verla con otro hombre. Teme las miradas de los pobladores. Teme, sobre todo, enfrentarse a las propias decisiones que lo han traído hasta aquí, a esta encrucijada donde sus deseos chocan con sus responsabilidades, donde el anhelo de viajar se encuentra con los compromisos de un matrimonio de años y un corazón dividido.