Una niña despierta de un sueño prohibido en el que una joven desconocida la guía por un bosque oscuro hacia un claro donde decenas de mujeres se reúnen en secreto.
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Una niña despierta de un sueño prohibido en el que una joven desconocida la guía por un bosque oscuro hacia un claro donde decenas de mujeres se reúnen en secreto. En una sociedad donde se cree que todas las mujeres poseen magia peligrosa, a los dieciséis años son desterradas durante un año. Tierney entra en su destierro sin el velo que significaría matrimonio, rechazada por la comunidad. Lo que aguarda durante esos meses de sombra desafiará todo lo que le han enseñado a creer sobre su libertad.
Tierney se despierta sobresaltada. Acaba de soñar que caminaba junto a una niña desconocida a través de un bosque intrincado de helechos y flores rojas de cinco pétalos. La niña tenía un rostro con forma de corazón, una marca de nacimiento bajo el ojo derecho, y en sus ojos grises ardía una ferocidad antigua. Juntas llegaron a un claro donde decenas de mujeres se reúnían en paz, todas portando una flor roja sobre el corazón. “Somos el sexo débil, pero eso se acabó”, proclamó la niña.
Pero los sueños están prohibidos. Los hombres de su sociedad creen que es cómo las mujeres ocultan su magia. Si alguien descubriera con qué sueña Tierney, acabaría en la horca.
En el condado de Garner, se cree que todas las mujeres poseen una magia peligrosa: una esencia de juventud que tienta a los hombres. A los dieciséis años, cada chica debe ser desterrada durante un año —el año de gracia— a un lugar desierto para purificar esa magia. Pero nadie habla de qué sucede durante esos doce meses en las sombras. Las mujeres que regresan están demacradas, rotas. Tierney ha pasado años observando en silencio, buscando pistas en las cicatrices ocultas, en los dedos que tiemblan sin razón, en las miradas perdidas.
Cuando llega el día de la imposición de velos, la tradición exige que los candidatos elijan a sus futuras esposas. Las chicas elegidas reciben un velo como promesa de matrimonio; las rechazadas pasan a ser prescindibles. Tierney entra en este ritual sin esperanzas. Ha sabido asegurarse de que nadie la quisiera, rechazando los códigos de feminidad que su sociedad exige. Viste un traje prestado manchado de culpa. Lleva la cinta roja del destierro. Pero mientras sus hermanas sueñan con casarse y gobernar casas, Tierney rechaza ese futuro. No desea grilletes acolchados ni la vida domesticada que acompaña al matrimonio.
Lo que Tierney aún no comprende es que ese sueño prohibido podría ser algo mucho más que fantasía. Y lo que el año de gracia le deparará —los secretos que guardaban todas esas mujeres rotas— transformará no solo su supervivencia, sino el orden completo de su mundo.