En un armario de la buhardilla, entre mantas y abrigos, Olivia se esconde mientras sus padres la presionan para marcharse en la tarde de Navidad de 2002.
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En un armario de la buhardilla, entre mantas y abrigos, Olivia se esconde mientras sus padres la presionan para marcharse en la tarde de Navidad de 2002. A los diez años, la niña no entiende por qué debe abandonar el pueblo, al abuelo, a Tristán y la promesa de un verano compartido. Veinte años después, una Olivia adulta sigue cargando con las consecuencias de aquel derrumbe inesperado que cambió su mundo, resistiéndose aún a la Navidad y a todo lo que dejó atrás.
Una escena concreta del libro: en la buhardilla de la casa del pueblo, Olivia se refugia en el armario entre mantas y edredones viejos, su escondite perfecto en los momentos difíciles. Allí, donde antes imaginaba mundos mágicos como Narnia, ahora se oculta porque sus padres quieren que recoja sus cosas. Es 25 de diciembre de 2002, es Navidad, y la obligación de marcharse le rompe el corazón.
La novela teje dos hilos narrativos separados por dos décadas. En 2002, una niña de diez años se despide a la fuerza de su abuelo, de Tristán —su mejor amigo y primer amor sin saberlo— y de la infancia en el pueblo que creía que sería suya para siempre. En el armario, ella y Tristán sellan una promesa con el ritual que habían creado años atrás: las manos abiertas, los dedos entrelazados, los ojos cerrados durante cinco segundos. Es una promesa que Olivia no sabe si podrá cumplir.
Veinte años después, en 2022, Olivia es una mujer adulta que trabaja en una oficina de Madrid, que odia la Navidad, que evita los recuerdos. Su compañera Candela decora obsesivamente el despacho con adornos festivos mientras ella batalla por ignorarlos. Su jefa Manuela la convoca en el despacho, y en ese momento, cuando todo parece seguir su curso habitual, la herida de aquella tarde de hace dos décadas se remueve.
La novela explora cómo un momento puede desencadenar todo, cómo el derrumbe llega sin avisar y sin permiso, cómo las piezas que parecían fijas se desarman llevándose el mundo por delante. Olivia descubrirá que algunas promesas no mueren, que el amor de la infancia deja cicatrices profundas, y que quizá sea tiempo de regresar al armario de la buhardilla, a Tristán, al pueblo.