Neithan entra en el oscuro apartamento de su hermano Ashton en Nueva York y encuentra botellas vacías, ceniceros desbordados y a un hombre destrozado.
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Neithan entra en el oscuro apartamento de su hermano Ashton en Nueva York y encuentra botellas vacías, ceniceros desbordados y a un hombre destrozado. Ashton, un SEAL de la Marina, ha perdido todo tras la muerte de su hija: abandonó el trabajo, cayó en el alcohol y el tabaco, fue abandonado por su esposa. Su hermano decide intervenir con determinación, llevándolo a su casa, sometiéndolo a una rutina de trabajo y ejercicio. Meses después, cuando Ashton comienza a recuperarse, un anuncio inusual en el periódico de una mujer que busca marido sin pretender relaciones sexuales captura su atención, abriendo una puerta inesperada hacia la vida.
En un lúgubre apartamento de Manhattan, Neithan descubre a su hermano Ashton sumido en una oscuridad que parece sin retorno. Ashton, un experimentado SEAL de la Armada estadounidense, ha sido destrozado por un dolor que ningún entrenamiento militar pudo prepararlo para afrontar: hace ocho meses, su hija de cinco años fue secuestrada. Dos meses después, encontraron su cuerpo abandonado a miles de kilómetros de Nueva York. Desde entonces, Ashton ha estado muriendo en vida: alcohol, tabaco, abandono personal. Su esposa lo dejó porque lo culpaba por no haber encontrado a la niña. Su trabajo lo puso en licencia compasiva.
Neithan decide actuar. Lo arrastra del sofá, lo obliga a la ducha, lo lleva a su casa. Durante dos meses, convierte su vida en la rehabilitación de Ashton: corren juntos cada amanecer, trabajan en las obras que construye Neithan, entrenan en el gimnasio hasta el agotamiento. Es un camino brutal pero necesario. Ashton comienza a recuperar su cuerpo, su fuerza, su peso. Lentamente, algo en él que parecía muerto comienza a despertarse.
Cuando Neithan encuentra a una mujer para cenar, Ashton se queda solo con los periódicos del fin de semana. Es entonces cuando descubre un anuncio singular: una mujer que busca marido pero rechaza las relaciones sexuales. Ningún nombre, solo las iniciales A.O.G. y un correo electrónico. Para Ashton, quien decidió años atrás que no merecía ningún placer en la vida, el anuncio constituye un enigma magnético. En esa pregunta sin respuesta, Ashton encuentra algo inesperado: una razón para mirar hacia adelante.