En Florencia del siglo XVII, Galileo confía a su hijo un cilindro que contiene los planos de una máquina capaz de capturar instantes del tiempo. Siglos después, en Buenos Aires de 1973, una anciana revela a sus nietos que fue emisaria de…
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En Florencia del siglo XVII, Galileo confía a su hijo un cilindro que contiene los planos de una máquina capaz de capturar instantes del tiempo. Siglos después, en Buenos Aires de 1973, una anciana revela a sus nietos que fue emisaria de esa encomienda, entregándola a la familia Borrondo. El misterio de su verdadera edad, la fotografía encontrada en una caja olvidada y la carta oculta del abuelo tejen una trama donde ciencia, historia y memoria convergen en el umbral de lo imposible.
En la casa de Arcetri, Florencia, un maestro envejecido y ciego guarda un cilindro de madera que contiene los planos de un reloj de péndulo. Su hijo Vincenzo contempla el artefacto que se frena cada tres horas, condenado a la inutilidad. Entre ellos transcurre una conversación que trasciende la mecánica: Galileo pregunta qué instante de la vida valdría la pena repetir, qué cambiaría si pudiesen retorcer el destino. La máquina que están armando, compuesta por tres piezas independientes, promete capturar momentos, repetirlos y modificarlos. Es la expresión de un viejo que comprende, con íntima convicción, que el tiempo es un plano inclinado: si se lo pone horizontal, el movimiento se detiene.
Cientos de años después, en Buenos Aires a comienzos de los años setenta, un profesor de filosofía llamado Ezequiel y su primo Fernando, sacerdote tercermundista, se encuentran revolviendo una habitación en busca de documentos que prueben la propiedad de una casa. Detrás de herramientas oxidadas descubren una caja forrada en papel marrón con lunares dorados, desvencijada pero digna de antigüedad. Adentro, entre papeles olvidados y revistas de décadas pasadas, yace una fotografía desafiante, en blanco y negro: en el jardín de un caserón, varias personas posan en 1888.
Es entonces cuando la abuela Tona, con una sonrisa pícara y al parecer maliciosa, entra trayendo mate y tostadas. Ella revela lo que ha guardado en silencio durante décadas: fue emisaria de alguien cuyo nombre no puede pronunciar, enviada desde Italia a entregar un cilindro de madera antiquísimo a Juan Borrondo. Dentro de ese cilindro reposaban los planos de una máquina inventada por Galileo. Una máquina de tiempo. La abuela, cuya edad verdadera permanece velada por documentos contradictorios y papeles perdidos en las aduanas, fue testigo de hechos que desafían toda cronología. Una carta oculta por el abuelo Franco aguardaba el momento en que ella pudiese revelar la verdad: el cilindro seguía escondido bajo el piso de pinotea de la casa en Banfield.
La novela teje un intrincado misterio donde la ciencia de Galileo, los viajes en el tiempo y la longevidad imposible de una anciana convergen en una trama que cuestiona la naturaleza de la memoria, la historia y el destino.
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