En el aparcamiento subterráneo de St Claire Corporation, Gideon St Claire, abogado controlado y ordenado, se encuentra con Joey McKinley, una colega impulsiva y desafiante que llegará a trabajar a su lado durante un mes.
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En el aparcamiento subterráneo de St Claire Corporation, Gideon St Claire, abogado controlado y ordenado, se encuentra con Joey McKinley, una colega impulsiva y desafiante que llegará a trabajar a su lado durante un mes. Ambos chocarán desde el primer momento: él es hierático y reservado; ella, directa y provocadora. Sin embargo, bajo su mutua provocación bulle una química innegable que amenaza con trastocar el equilibrio que Gideon ha construido cuidadosamente en su vida.
Cuando Lucan St Claire se va de luna de miel, deja a su hermano Gideon al frente de St Claire Corporation. Pero junto con esta responsabilidad llega Joey McKinley, una abogada que ocupará temporalmente el puesto de representante legal de la empresa durante el mes de ausencia de Lucan.
Gideon y Joey son personalidades opuestas. Él es un hombre de treinta y cuatro años, abogado despiadado e implacable, que prefiere el orden, la continuidad y mantener las distancias emocionales. Su vida es un ejercicio de control perfecto: trajes a medida, corbatas de seda, cada palabra medida antes de pronunciarla. Joey, en cambio, es una mujer de veintiocho años cuya personalidad arrebatadora lo descoloca completamente. Dice lo primero que se le pasa por la cabeza, provoca deliberadamente, desafía su compostura con una sonrisa y lo retira con un comentario mordaz.
Se conocen desde hace poco. La primera vez fue en una boda hace meses. La segunda, en el despacho de Joey, cuando Gideon llegó con buenas noticias sobre el caso de su hermana gemela Stephanie. Luego volvieron a verse en la boda de Stephanie con Jordan, hermano de Gideon, donde Joey cantó durante la ceremonia con una voz tan bella que dejó cautivado a todos, incluyendo a Gideon, quien nunca había experimentado algo semejante.
Ahora, en el aparcamiento subterráneo de la empresa, mientras Joey intenta descargar cajas del maletero de su coche, Gideon y ella chocan nuevamente. Él intenta una conversación civilizada para explicarle que no cree que puedan trabajar juntos. Ella se niega rotundamente. Lo que comienza como un desacuerdo sobre la viabilidad de su colaboración se convierte en un duelo de palabras donde ambos se ven obligados a reconocer, aunque sea entre líneas, que algo los une y los atrae, a pesar de que oficialmente se desprecian.
Durante las próximas cuatro semanas, ambos deberán aprender a convivir en la oficina, a colaborar en asuntos legales y corporativos, y a lidiar con una tensión que no es solo laboral. Gideon tendrá que cuestionar su necesidad de control absoluto y su rechazo al desorden que Joey representa. Y Joey, a su vez, tendrá que comprender que bajo la frialdad de Gideon existe una vulnerabilidad que su proximidad amenaza con exponer.
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