En una comisaría de Le Havre, el capitán Radiche interroga a un sospechoso con una brutalidad que trasciende todo código ético. Policía sin empatía, vestido siempre de negro, Radiche persigue criminales con una dedicación que define su…
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En una comisaría de Le Havre, el capitán Radiche interroga a un sospechoso con una brutalidad que trasciende todo código ético. Policía sin empatía, vestido siempre de negro, Radiche persigue criminales con una dedicación que define su existencia. Cuando la investigación por el asesinato del traficante Abba Mabaté lo lleva a su primo Dialo, descubre una red de narcotráfico que lo aproxima a Zakaria Khaledzaoui, un capo poderoso que controla la región.
En una comisaría de Le Havre, el capitán Radiche interroga a un sospechoso aplicando una brutalidad que trasciende todo código ético. Radiche es un hombre construido sobre la dureza: cabeza afeitada, rostro tallado como piedra, ropa siempre negra. No tiene amigos, no tiene familia, no tiene empatía. Su única religión es el trabajo; su único dios, la ley que él mismo construye.
Cuando el jefe de Narcóticos, Lartigan, le entrega a Dialo Mabaté —primo del traficante asesinado Abba Mabaté— Radiche descubre un eslabón en la red de narcotráfico de Zakaria Khaledzaoui. Este capo poderoso cuyos productos han cobrado vidas, incluso la de la sobrina de Lartigan. La investigación promete revelar los secretos más oscuros de la región y desmantelar la red criminal por completo.
Mientras tanto, en el Páramo de Mende, Milovan regresa temprano a la granja de Les Garcilles para cuidar a Boris, su padre adoptivo, cuya salud se deteriora. En ese paisaje rural donde los bosques guardan sus propios misterios, otra historia se desarrolla, quizás ligada de formas imprevistas a los crímenes que Radiche persigue.
La novela teje mundos de brutalidad urbana y secretos rurales, lugares donde la frontera entre justicia y venganza desaparece, donde hombres como Radiche operan sin restricciones en las grietas de la ley.