Usted ha decidido: irá a ver a su jefe de servicio para pedirle un aumento. Pero comienza en el pasillo, donde lo espera porque el despacho está vacío. Desde allí, todo se bifurca. El jefe volverá o no volverá. Si tarda, visitará a Yolande.
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Usted ha decidido: irá a ver a su jefe de servicio para pedirle un aumento. Pero comienza en el pasillo, donde lo espera porque el despacho está vacío. Desde allí, todo se bifurca. El jefe volverá o no volverá. Si tarda, visitará a Yolande. Ella estará o no estará. Si está, ¿de buen humor? Cada pregunta abre dos caminos. Perec construye una lógica absurda donde la estructura misma del pensamiento burocrático genera un laberinto de probabilidades. Esta obra teatral, redescubierta tras cuarenta años de olvido, es una sátira cómica de la vida corporativa: la simple solicitud de un aumento se convierte en un ciclo interminable de esperas, encuentros fortuitos y pretextos que retrata con precisión la impotencia del empleado ante el sistema.
Usted ha reflexionado seriamente. Ha tomado una decisión. Va a ver a su jefe de servicio para pedirle un aumento. Así comienza esta pieza teatral de Georges Perec, publicada en diciembre de 1968 en una revista de tirada limitada y prácticamente olvidada durante más de cuarenta años. El punto de partida es desarmantemente simple, pero su desarrollo es laberíntico. Desde el primer momento, los caminos se bifurcan. El jefe de servicio está o no está en su despacho. Si no está, usted espera en el pasillo. Mientras espera, él podría volver o no volver. Si tarda, visita a la señorita Yolande, su compañera. Ella está o no está. Si está, ¿cuál es su humor? Cada pregunta engendra dos nuevas posibilidades, creando una estructura lógica que se despliega como un árbol de probabilidades infinitas. La genialidad de Perec consiste en utilizar esta arquitectura casi matemática para revelar algo profundamente humano: la experiencia de la impotencia burocrática. El empleado se ve atrapado en un ciclo de intentos constantemente interrumpidos, postergados, desviados. Las esperas en pasillos se suceden. Yolande actúa como escudo social y distracción. Las rondas por las secciones se repiten. Lo que comienza como una solicitud directa deviene en una jornada de intentos frustrados, encuentros casuales y pretextos improvisados. El tono es el de un manual de instrucciones, pero estas revelan la futilidad de seguir instrucciones. La repetición mecánica, la lógica binaria, los paréntesis explicativos, los comentarios entre bastidores: todo confluye en una sátira sobre cómo la burocracia transforma los actos elementales en procesiones de obstáculos psicológicos y profundamente humanos.
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