En una calle de una ciudad imaginaria, un pequeño escritor salta para alcanzar la altura de los demás, pero su lógica lo conduce a soluciones cada vez más retorcidas.
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En una calle de una ciudad imaginaria, un pequeño escritor salta para alcanzar la altura de los demás, pero su lógica lo conduce a soluciones cada vez más retorcidas. El señor Valéry es el primero de los habitantes de este barrio singular que Gonçalo M. Tavares construyó como hogar para grandes escritores de la tradición. Cada personaje vive según reglas extravagantes que definen cómo escriben y cómo existen en el mundo. El libro invita al lector a presenciar vidas cotidianas repletas de lógica imposible.
Gonçalo M. Tavares construye en estas páginas un barrio único donde habitan los grandes escritores de la tradición occidental: Paul Valéry, T.S. Eliot, Robert Walser, Henri Michaux, Bertold Brecht, Emanuel Swedenborg y otros. No es una ciudad convencional, sino un espacio imaginario donde cada habitante mantiene su propio estilo de vida, de pensamiento y de existencia.
El prólogo de Alberto Manguel establece el marco: los seres humanos imaginamos antes de conocer, construimos mundos en la mente y, a través de las historias, creamos realidades que perduran más allá de los lugares que desaparecen. Las ciudades ficticias tienen pobladores imaginarios, pero estas páginas otorgan a los escritores lo que rara vez reciben: un hogar compartido, un lugar donde la imaginación reconoce a quienes la practican.
El señor Valéry abre esta galería de personajes con su pequeña estatura y sus grandes obsesiones. Intenta resolver mediante lógica perfecta los problemas que la vida cotidiana le presenta: cómo ser tan alto como los demás, cómo no confundir su cabello con un sombrero, cómo tocar cada objeto con la mano que corresponde a su lado del cuerpo. Cada relato es una fábula moderna donde la razón pura conduce a conclusiones peculiares.
Valéry divide su casa por una línea invisible que determina qué mano usar en cada espacio. Duerme de pie porque cree que las torres deben estar verticales. Vive con un animal que nunca ve, encerrado en una caja. Intenta alcanzar la estatura de otros con taburetes, luego congelando saltos, finalmente mirando desde arriba mediante concentración mental. Con zapatos de colores diferentes camina las calles, y cuando le señalan su error, aplica la lógica para concluir que cambiar nuevamente los zapatos los hace correctos.
Tavares observa estos detalles con una ironía serena, construyendo un libro que es tanto una reflexión sobre la naturaleza de los escritores como un ejercicio de lógica absurda. Cada personaje —cada escritor real convertido en habitante ficticio del barrio— lleva su estilo de vida como extensión de su estilo de escritura. La obra invita al lector a transitar por este espacio singular, a entender que los grandes autores no viven del modo que imaginamos, sino según leyes internas que inventan para sí mismos.