En los muelles de Ostende, 1815, el comandante Bennett Prestwood espera embarcar hacia Inglaterra cuando el general Caruthers de inteligencia militar lo intercepta.
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En los muelles de Ostende, 1815, el comandante Bennett Prestwood espera embarcar hacia Inglaterra cuando el general Caruthers de inteligencia militar lo intercepta. Una misión lo encadena: proteger a Mari Sinclair, una naturalista británica que pinta secretos militares en sus dibujos de mariposas en Constantinopla. Su identidad ha sido descubierta. Su vida pende de un hilo. Obligado por chantaje, Bennett deberá mantenerla con vida. En el imperio otomano, donde cada movimiento es vigilado, dos personas acorraladas descubrirán que la confianza mutua es el único refugio seguro.
Desde los muelles de Ostende, donde desembarcan los últimos suministros de guerra, el comandante Bennett Prestwood aguarda su regreso a casa. La fragata de la Armada lo espera en la bahía. Quiere olvidar los campos de Waterloo, los hombres caídos, el hedor de la muerte. Pero su libertad dura solo minutos.
El general Caruthers irrumpe en su partida con una propuesta que no es tal: Bennett será guardián de Mari Sinclair, una mujer cuyo trabajo verdadero es dibujar fortificaciones otomanas disfrazadas en dibujos de mariposas y plantas. Su identidad ha sido descubierta. Los turcos la buscan. Una misión que Bennett rechaza se transforma en orden mediante chantaje: sus hombres mutilados perderán sus pensiones si se niega.
Así, hacia Constantinopla zarpa Bennett. Allí conoce a Mari en el salón del embajador, su primo Henry Daller. Ella viste como nativa, envuelta en seda amarilla. Sus ojos marrones brillan tras el velo. Es vulnerable, cautelosa, desconocedora del juego político que la rodea. Pero su valor es extraordinario.
Entre ellos surge la necesidad de confiar donde la confianza es letal. Bennett debe protegerla del imperio que se desmorona, de potencias que compiten por sus ruinas, de hombres que la matarían por sus secretos. Mari debe continuar su labor peligrosa mientras siente que alguien finalmente la vigila no para traicionarla, sino para mantenerla viva.
En Constantinopla, donde los dibujos de una mujer pueden reescribir mapas políticos, dos personas acorraladas descubrirán que el refugio no es un lugar, sino una persona. Que en tiempos de espionaje y peligro, la verdadera salvación reside en quien elige quedarse.
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