Burdeos, 1860. Un herrero sueco rechaza el amor como sentimiento, afirmando que solo existe la pasión carnal. Mientras trabaja en las forjas de la ciudad durante el día, una joven cortesana de dieciocho años, deudora en el elegante burdel…
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Burdeos, 1860. Un herrero sueco rechaza el amor como sentimiento, afirmando que solo existe la pasión carnal. Mientras trabaja en las forjas de la ciudad durante el día, una joven cortesana de dieciocho años, deudora en el elegante burdel Château Doux Rêves, aguarda el futuro que una vidente profetizó: la llegada de un lobo asesino atraído por su luz interior.
Burdeos vive el verano de 1860, cuando la ciudad portuaria celebra su transformación industrial y la nueva república francesa. En los dormitorios de los hogares burgueses acontecen encuentros apasionados, mientras en las forjas cercanas al río trabajadores especializados moldean el hierro incandescente.
Axel, un herrero sueco de treinta años, posee una filosofía vital radical: niega la existencia del amor, considerándolo una invención romántica sin fundamento. Para él, solo existe la pasión corporal, la gratificación del deseo. Sus encuentros con mujeres de la burguesía son transacciones carnales que él justifica sin culpa ni sentimiento.
Paralela a su historia transcurre la de María Louise, una adolescente de dieciocho años cuya belleza delicada contrasta con su situación de cautiverio económico. Su familia debe dinero a Madame Champfleury, dueña de un burdel de lujo destinado a caballeros adinerados. María Louise trabaja como cortesana en el Château Doux Rêves junto a otras chicas: la descarada Beatrix y la inocente Puppet. A diferencia de sus compañeras, ella carece de vocación; su presencia en el negocio es pura obligación.
Durante las festividades del catorce de julio, cuando Madame Champfleury pasea a sus cortesanas por la Place Royale, María Louise se cruza con una vidente que lee su futuro en las líneas de su mano. La anciana cae en trance y profetiza que un lobo asesino viene en su búsqueda, atraído por la luz interior de la joven. Le advierte que no se enamore, pues la bestia no tendrá piedad. El vaticinio deja a María Louise perturbada, aunque sus compañeras lo descartan como charlatanería.
En ese mismo instante, cerca de la plaza, un hombre trabaja inclinado sobre la forja. Su concentración en el metal incandescente se quiebra cuando sus ojos azules se alzan hacia las mujeres. Es Axel. La novela marca el encuentro silencioso de estos dos destinos: el del hombre que niega el amor y el de la mujer cuyo futuro ha sido marcado por una profecía oscura.
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