En la redacción nocturna de una agencia telegráfica, John Morgan recibe despachos cada vez más inquietantes de una ciudad llamada Xebico. Una niebla pesada cubre el lugar sin explicación aparente, comportándose como algo vivo que consume…
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En la redacción nocturna de una agencia telegráfica, John Morgan recibe despachos cada vez más inquietantes de una ciudad llamada Xebico. Una niebla pesada cubre el lugar sin explicación aparente, comportándose como algo vivo que consume lentamente a sus habitantes mientras luces sobrenaturales tiñen el cielo. Cuando la transmisión se detiene abruptamente, el narrador descubre algo que lo paraliza. Un relato de terror donde la realidad llega fragmentada a través del cable telefónico.
Mientras las luces de la ciudad se apagan y la civilización descansa, en el último piso de un rascacielos una redacción telegráfica funciona sin pausa. Es el turno nocturno, aquel en el que los cables conectan ciudades distantes: Nueva York, Londres, Calcuta, Singapur. Las noticias llegan incesantes en el tap-tap rítmico de las máquinas de escribir. El narrador y John Morgan, su operador —un hombre preciso y taciturno capaz de manejar dos cables simultáneamente sin errar una línea— viven la soledad particular de la medianoche.
Una noche, Morgan abre un segundo cable sin motivo aparente. Los despachos que comienzan a llegar cambian todo: reportes de una ciudad llamada Xebico, un lugar que ningún mapa registra, donde una niebla sin precedentes ha descendido. Los primeros reportes son curiosos —fenómeno meteorológico incomprendido, autoridades investigando—, pero pronto adquieren un tono más oscuro. La niebla crece, se espesa, despide un olor de putrefacción. Las partidas de rescate desaparecen. Los pobladores huyen hacia las iglesias.
Los reportes posteriores traen revelaciones cada vez más perturbadoras. Desde el piso trece, el operador de Xebico describe cómo la niebla no es mero vapor, sino algo animado que se retuerce sobre los cuerpos de la gente. Luces en el cielo brillan con colores desconocidos, de una intensidad insoportable, acercándose cada vez más. El mensaje final se interrumpe en mitad de la transmisión.
Cuando el narrador verifica lo sucedido, descubre que el segundo cable jamás fue activado. Al volverse hacia Morgan, encuentra que el operador lleva cuatro horas muerto. ¿De qué manera sus dedos automáticos continuaron escribiendo esas palabras de horror después de que su corazón cesara? ¿Qué era Xebico? El narrador abandonaría el turno nocturno para siempre, sabiendo que algunos misterios permanecen sin respuesta.
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