En el almacén de Mildred, un silencio incómodo reina entre los vecinos de Trinidad mientras el juez pregunta quién desea ser sheriff. El cargo es una sentencia de muerte, dictada por los hombres de Andrews Presley, el hacendado más temido…
Descargar
En el almacén de Mildred, un silencio incómodo reina entre los vecinos de Trinidad mientras el juez pregunta quién desea ser sheriff. El cargo es una sentencia de muerte, dictada por los hombres de Andrews Presley, el hacendado más temido de la comarca. Los fiestas anuales están a punto de comenzar, trayendo forasteros y pistoleros en busca de premios, y el pueblo necesita orden. Cuando el joven forastero Dayton irrumpe en el almacén pidiendo munición, nadie imagina que aceptará un puesto que todos rehúsan. Su decisión marca el comienzo de una transformación inesperada.
En el almacén de Mildred, el silencio es denso. El juez Corliss acaba de hacer la pregunta que todos temían: ¿quién desea ser sheriff? Nadie responde. Las fiestas anuales están a punto de comenzar, trayendo forasteros y pistoleros en busca de premios. Pero hay una amenaza mayor: los hombres de Andrews Presley, cuyo capataz ha prometido matar al siguiente insensato que acepte el cargo. Trinidad es un pueblo asustado, paralizado por el miedo.
Las mujeres ven claro lo que los hombres no quieren admitir. Penélope, hija del juez, señala la verdad incómoda: hay valor suficiente, pero no hay unidad. Los hombres de Presley son hábiles, pero son pocos. Lo que falta es coraje para enfrentar juntos. Los hombres guardan silencio porque saben que tienen razón.
Es entonces cuando Dayton irrumpe en el almacén. Un muchacho alto, buscando munición para sus Colt 33, armas que señalan a un hombre entrenado. Penélope sugiere que lo propongan como sheriff. Dayton ríe, pensando que bromean. Pero el juez es serio. Dayton rechaza al principio: no comprende por qué buscan a un forastero. Las respuestas son sinceras: no hay quien se atreva. El dinero, trescientos dólares, es tentador. Pero Penélope le advierte con honestidad brutal que terminará solo frente a hombres sin escrúpulos.
Dayton acepta. Ha comprendido algo en esos minutos: ha estudiado los rostros, ha leído el miedo en las palabras, y ha reconocido en sí mismo lo que le falta al pueblo. Cuando el capataz Peck llega, Dayton no se comporta como un forastero asustado. Le habla con tranquilidad, advirtiéndole que debe mantener el orden. El tono de su voz, sus armas, su compostura: todo indica que ha hecho un estudio sicológico de su enemigo. Sabe que Peck está acostumbrado a ser temido, y cuando descubre que aquí no lo será, queda desorientado.
Los comentarios en el saloon de Stucky son de burla. Todos están seguros de que Brooks lo matará cuando se entere. Dayton escucha con calma y declara que habrá orden. Trinidad está a punto de cambiar. Un forastero ha llegado para romper el hechizo del miedo que ha paralizado al pueblo. Lo que suceda determinará si el pueblo descubre el coraje que siempre estuvo dentro, o si verá a otro sheriff caer. Pero hay algo diferente en Dayton. Hay algo que sugiere que quizás, esta vez, las cosas sean distintas.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.