De pie ante el tribunal, Cherry Flowers oye pronunciar su condena por la muerte de Leticia Carnegie. La joven enfermera proclama su inocencia: 'Dios demostrará mi inocencia.
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De pie ante el tribunal, Cherry Flowers oye pronunciar su condena por la muerte de Leticia Carnegie. La joven enfermera proclama su inocencia: 'Dios demostrará mi inocencia.' En la mansión de Sterling, junto al acantilado donde el mar ruge constantemente, Cherry cuidaba de la adinerada y paranoica Leticia. Pero la verdadera culpa permanece oculta en los secretos de esa casa.
En el banquillo de los acusados, Cherry Flowers se alza cuando le ordena la corte. La joven enfermera ha sido condenada por la muerte de Leticia Carnegie, una adinerada mujer viuda e inválida. En ese momento de amargura, rodeada de rostros que la miran con compasión pero sin creer en su inocencia, Cherry pronuncia palabras que permanecerán en el silencio de la sala: ‘Tarde o temprano, Dios demostrará mi inocencia.’ Su hermano Rolf solloza desconsolado. El doctor Edward Stewart, su prometido, palidece visiblemente.
La historia regresa varios meses atrás. Cherry trabajaba como enfermera en un hospital clínico cuando el doctor Stewart la aborda con una propuesta: cuidar a Leticia Carnegie. El salario es importante—cien libras mensuales, mantenida, viajes pagados, gratificaciones en fechas especiales. Pero hay un secreto incómodo: ninguna enfermera ha durado más de dos meses al servicio de la señora Carnegie.
La mansión de Sterling se alza entre los pinos, en un promontorio junto al acantilado. Desde allí, el mar brama con furia constante, sus olas golpeando las rocas con violencia que aterroriza a quien las escucha de noche. Cherry, al explorar la casa para ahuyentar sus miedos, descubre bodegas polvorientas llenas de botellas olvidadas, cuartos trasteros con baúles que guardan ropas desteñidas, una bohardilla desde cuya ventana se ve el mar hasta una distancia que parece infinita. Pero es la atmósfera de la casa lo que verdaderamente la desmorona: el silencio pesado, la oscuridad que se espesa con la niebla marina, las habitaciones cerradas cuyos pasos resuenan como chasquidos de látigos invisibles.
Leticia Carnegie es una mujer obsesionada con la idea de que será asesinada. Desconfiaba de médicos y enfermeras por igual, convencida de que sus parientes las han corrompido con dinero. Su hermano Arnold, dueño de importantes manufacturas, intenta mantener la paz familiar. Catalina, la vieja criada que ha servido a la familia durante cincuenta años, se mueve por los corredores como un espectro. Y Cherry, joven, sana, competente, comienza a perder su aplomo bajo el peso de aquel lugar.
Las noches son especialmente terroríficas. Cherry se despierta asaltada por pesadillas y un miedo irracional que no puede controlar. El mar rugiente, las habitaciones vacías, la paranoia de Leticia: todo conspira para erosionar su fortaleza emocional. ¿Está Leticia verdaderamente loca, o percibe verdades que otros se niegan a ver?
Lo que Cherry desconoce es que en Sterling acechan secretos mucho más oscuros. Hay herencias en juego, motivaciones ocultas, y personas dispuestas a cualquier cosa para obtener lo que desean. La muerte de Leticia no será ni accidental ni simple. Y cuando llegue ese momento inevitable, Cherry descubrirá que el verdadero criminal es alguien que permanecía cerca de ella, alguien cuya culpabilidad las circunstancias mismas acusan.
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