Una llamada nocturna despierta al abogado Perry Mason. Un desconocido ofrece dinero sustancial si lo atiende en su despacho a altas horas. Cuando llega, trae consigo a una mujer cuya identidad debe permanecer en secreto.
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Una llamada nocturna despierta al abogado Perry Mason. Un desconocido ofrece dinero sustancial si lo atiende en su despacho a altas horas. Cuando llega, trae consigo a una mujer cuya identidad debe permanecer en secreto. Completamente envuelta en ropa holgada y antifaz, solo sus ojos brillan a través de las rendijas. Bajo la lluvia que golpea las ventanas, Mason enfrenta un acuerdo extraño donde la confianza se mide en billetes cortados.
La madrugada lluviosa interrumpe el sueño del abogado Perry Mason. Una llamada telefónica trae una voz desconocida que se identifica sucesivamente como Cash, Cragmore y, finalmente, Peltham. El hombre ofrece dos mil dólares como anticipo y la promesa de diez mil más si Mason acepta una misión urgente en su despacho. Intrigado pero cauteloso, Mason moviliza sus contactos en la Agencia de Detectives Drake, se viste apresuradamente y atraviesa la tormenta nocturna en su automóvil. La lluvia golpea los cristales mientras el limpiaparabrisas lucha contra el aguacero. Las calles permanecen desiertas bajo el furor del temporal. En el despacho, Peltham espera con una mujer cuyo aspecto revela la importancia del sigilo. Está completamente envuelta en un impermeable holgado que cae casi hasta el suelo, con un sombrerito ajustado y un antifaz que cubre la mitad superior del rostro. Solo la barbilla, la punta de la nariz y sus labios rojos delatan la juventud. Sus manos enfundadas en guantes negros permanecen quietas. Sus pies descansan ocultos en chanclos de tamaño inadecuado. A través de las ranuras del antifaz, unos ojos negros y centelleantes miran con inquietud. Peltham es claro: esta mujer lo significa todo para él, y revelar su identidad causaría una catástrofe. No hay un caso formal ni un delito preciso que perseguir, solo la necesidad de protección discreta. Para sellar el acuerdo garantizando la confianza mutua, Peltham toma un billete de diez mil dólares. Con cuidado quirúrgico, lo corta en dos partes desiguales utilizando delicadas tijeras de manicura. Entrega la porción mayor a la mujer enmascarada. La menor cae junto a los billetes de mil dólares sobre la mesa del abogado. Esa mitad será la única tarjeta de presentación. Cuando ella la presente completa, el abogado podrá cobrar sus honorarios.
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