Un muchacho de doce años, viéndose como carga para su madre viuda, emprende su partida en busca de fortuna. Su andar lo lleva a encontrarse con tres gigantes en un bosque, siendo lanzado después al temible Castillo de las Siete Tortas.
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Un muchacho de doce años, viéndose como carga para su madre viuda, emprende su partida en busca de fortuna. Su andar lo lleva a encontrarse con tres gigantes en un bosque, siendo lanzado después al temible Castillo de las Siete Tortas. Allí, demostrando astucia e inocencia, resuelve un acertijo que lo transforma de mendigo en señor del lugar, permitiéndole finalmente llevar a su madre a una vida de abundancia.
Una noche, en un bosque oscuro, un muchacho se despabila sobresaltado por ruidos que provienen de una fogata cercana. Allí, tres gigantes se calientan bajo la luz de tres encinas ardiendo, contando historias y tramando sus planes. Lo que comienza como un acto de burla—el muchacho lanza piedras con precisión—desencadena una serie de eventos que cambiarán para siempre su destino.
Juan, hijo de una viuda pobre, partió de su hogar decidido a no ser una carga para su madre. Con apenas un pan, diez céntimos y la bendición maternal, se lanzó al mundo en busca de trabajo. Pero la fortuna lo guió primero hacia el encuentro con esos tres gigantes que, tras descubrirlo, decidieron llevarle a la puerta del Castillo de las Siete Tortas: una fortaleza de acero con murallas altísimas y una entrada que semejaba la boca de un león.
Lo que los gigantes imaginaban como sentencia de muerte se convirtió en prueba de iniciación. Tras atravesar la puerta sin recibir ni un golpe—cuando todos los que antes lo intentaron fueron rechazados con siete bofetadas—, Juan recorrió los salones vacíos. Encontró piedras negras que recogió sin saber por qué, un mono horrible al que derribó con precisión, y una llave oculta en lo alto de una pared.
Cuando la llave cayó, el castillo se estremeció. Aparecieron caballeros armados encabezados por un viejo de ojos rojos que le propuso un trato: marcharse sin nada, o responder una pregunta que descifraría su verdadera naturaleza. Juan, incapaz de mentir, respondió con una simplicidad tan profunda que desarmó el acertijo. Su respuesta lo transformó de mendigo en potentado.
Lo primero que hizo fue enviar dinero a su madre. Poco después la llevó al castillo. Cuando los tres gigantes fueron capturados, Juan eligió perdonarlos y los puso a trabajar en la cocina. Así transcurrió su vida, de joven en viejo, en un castillo que fue suyo por haber visto el mundo con ojos limpios.
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