Un hombre despierta en su habitación de hotel apenas consciente del tiempo. En un café cercano, tres viajeros estadounidenses conversan mientras el atardecer arde sobre la ciudad portuaria.
Descargar
Un hombre despierta en su habitación de hotel apenas consciente del tiempo. En un café cercano, tres viajeros estadounidenses conversan mientras el atardecer arde sobre la ciudad portuaria. Port y su esposa Kit, acompañados por Tunner, han llegado desde Nueva York buscando escapar de la civilización mecanizada de posguerra. Bajo el calor sofocante del Sáhara, las tensiones de sus relaciones emergen y los sueños perturbadores revelan las grietas profundas de sus almas.
En una ciudad portuaria del norte de África, la novela abre con un hombre que despierta lentamente en su habitación de hotel, apenas consciente del tiempo y el espacio tras un sueño profundo. Lo único familiar es la infinita tristeza que lo reconforta. Oye a su mujer en la habitación contigua, taconeando sobre baldosas, y luego irá a abrir la ventana para respirar aire fresco. En la terraza del Café d’Eckmül-Noiseux, tres viajeros estadounidenses observan el resplandor de la tarde. Port, un hombre delgado de cara ansiosa, está siempre consultando mapas multicolores y proyectando nuevos viajes. Se considera viajero, no turista: mientras el turista se apresura a regresar a casa en meses o semanas, el viajero se desplaza lentamente durante años sin pertenecer a ningún lugar específico. Su esposa Kit lo acompaña sin demasiada amargura. Tunner, el tercero del grupo, es más joven, robusto y guapo, silbando melodías incompletas. Acababan de cruzar el Atlántico desde 1939, buscando un lugar alejado de la guerra. Las conversaciones en el café giran alrededor del daño que dejó la guerra en el mundo. Kit lamenta que la gente pierda carácter, belleza e ideales. Port responde que algunos lugares resistirán la enfermedad más tiempo, mencionando el Sáhara como refugio posible. Esa noche, Port cuenta un sueño perturbador: viajaba en un tren que aceleraba sin parar. Pensó que podía revivir su vida exactamente igual, regresando al principio. Pero al contemplar los árboles y sentir el olor de la primavera de su infancia, dijo sí. Sin embargo, al negar la idea de sufrir de nuevo, se arrancó los dientes como si fueran de yeso. El tren se detuvo. Los dientes quedaron en su mano. Lloró con esos sollozos terribles que solo ocurren en los sueños. Kit se levanta llorando. Más tarde confronta a Port por haber contado el sueño delante de Tunner, diciendo que es humillante. Mientras Kit permanece limándose las uñas junto a la ventana abierta, Port sale a caminar solo por las calles oscuras, observando a las personas con culpa y distancia. Su mente regresa obsesivamente a Kit sentada junto a la ventana. En ese momento comprende que su propia validez depende de que ella permanezca allí, inmóvil.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.