Cuando Torak, un muchacho que vive con el Clan del Cuervo, presencia un perturbador encuentro con un cazador enfermo en el bosque, comienza a comprender que una dolencia desconocida se propaga entre los pueblos de la región.
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Cuando Torak, un muchacho que vive con el Clan del Cuervo, presencia un perturbador encuentro con un cazador enfermo en el bosque, comienza a comprender que una dolencia desconocida se propaga entre los pueblos de la región. A medida que los síntomas emergen en su propia comunidad, Torak se ve obligado a buscar respuestas mientras la enfermedad amenaza todo lo que conoce.
Una hembra de uro emerge de pronto entre los árboles del bosque, con su ternero cerca, cuando Torak aguarda junto al río. En ese momento, lo inesperado ocurre: un cazador del Clan del Jabalí, como poseído, intenta atacar al animal con hachas arrojadizas. Lo que comienza como una confrontación entre hombre y bestia revela algo mucho más inquietante en quien pretendía cazar: padece una enfermedad terrible, con el rostro cubierto de costras supurantes, la mente desmoronándose. Torak logra distraer al uro para que huya, pero el encuentro le deja con una certidumbre incómoda: algo profundo y oscuro afecta al cazador.
De regreso al campamento de los Cuervos, Torak intenta advertir a sus compañeros sobre lo que ha visto. Nadie parece darle importancia. El clan está absorto en la tarea urgente de procesar los salmones que remontan los rápidos, una recompensa estacional que sostiene a toda la comunidad. Los hombres y mujeres se dedican a limpiar, ahumar y preservar el alimento, mientras los niños juegan sin preocupación. Para todos, la enfermedad que Torak describe es apenas un murmullo entre la rutina cotidiana.
Pero entonces Torak nota algo en Oslak, el hombre bondadoso que lo ha acogido desde que llegó con los Cuervos. Sus manos están cubiertas de ampollas, no por picaduras de mosquito como él insiste, sino por algo más grave. Siente que algo le sale del alma, murmura con creciente desasosiego. La furia brota de él sin previo aviso. Y cuando Torak lo deja en la pasarela de pesca, Oslak hace algo incomprensible: se arranca una costra de la piel y se la lleva a la boca.
Mientras Torak lucha por mantener el equilibrio sobre las piedras del río, intentando pescar como hacen los demás, la enfermedad comienza su trabajo en silencio. La comunidad que parecía tan segura, tan anclada en sus tradiciones, ya empieza a quebrarse. Y en los bordes del campamento, mientras el niño Dari camina hacia su tío enfermo sin comprender el peligro, se advierte que la amenaza es mucho más inmediata de lo que nadie quiso reconocer.
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