Un hombre llega al saloon de Del Río con las ropas manchadas de barro rojo y una pepita de oro que cambia por diez dólares. Guy Farrel, un rural del condado, presencia la transacción y siente curiosidad.
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Un hombre llega al saloon de Del Río con las ropas manchadas de barro rojo y una pepita de oro que cambia por diez dólares. Guy Farrel, un rural del condado, presencia la transacción y siente curiosidad. Aquella noche lo sigue, lo emborracha en otro bar y lo lleva al hotel. Mientras el hombre duerme, Farrel descubre que oculta una bolsa con casi mil dólares en oro. A la mañana siguiente, cuando el hombre despierta gritando que lo han robado, Farrel debe enfrentarse a la verdadera pregunta que lo inquieta: ¿de dónde viene todo ese oro?
En Del Río, una pequeña localidad tejana, un forastero sucio y borracho llega a los bares de la ciudad con algo que encenderá la curiosidad de Guy Farrel, un rural destinado a mantener el orden en la región. El hombre cambia una pepita de oro por apenas diez dólares en el mostrador del saloon, una cantidad que el tabernero sabe que es ridículamente baja. Farrel, experimentado en leer los secretos que guardan los hombres, observa cada movimiento. La noche se complica cuando Farrel sigue al forastero a otro bar y descubre que su intención no es simplemente beber, sino hablar demasiado. Emborrachado hasta el borde del colapso, el hombre suelta palabras que Farrel capta al vuelo. Lo lleva al hotel del pueblo, lo acuesta y, mientras el forastero ronca, registra sus ropas. Lo que encuentra lo deja sin aliento: una bolsa de ante pesada, llena de pepitas de oro y polvo grueso. Calcula mentalmente: casi mil dólares, quizá más. Cuando el hombre despierta a la mañana siguiente grita que lo han robado. El sheriff lo mete en una celda de forma preventiva. Pero Farrel, que posee el oro, enfrenta ahora un dilema que va más allá del robo. Necesita saber de dónde vino ese oro. Si el hombre lo encontró cerca, si existe un placer sin registrar en la región, entonces Del Río podría enfrentar algo mucho más peligroso que cualquier banda de cuatreros: una avalancha de buscadores de oro, aventureros sin ley y gente dispuesta a matar por la fortuna. El forastero, cuando es traído ante Farrel y el sheriff Corrington, se niega a revelar su secreto. Solo admite que encontró un placer, que es suyo, que ya lo descubrió y que no dirá a nadie dónde está. Farrel debe usar su ingenio para arrancar la verdad antes de que otros en el pueblo descubran lo que él ya sabe.
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