En febrero de 1815, el barco Faraón entra en puerto de Marsella. Edmond Dantès, joven marinero de apenas veinte años, descarga una encomienda delicada: un paquete entregado por el capitán Leclère al mariscal Bertrand en la isla de Elba.
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En febrero de 1815, el barco Faraón entra en puerto de Marsella. Edmond Dantès, joven marinero de apenas veinte años, descarga una encomienda delicada: un paquete entregado por el capitán Leclère al mariscal Bertrand en la isla de Elba. El gesto que debería recompensarlo con una capitanía lo pone en la mira de Danglars, el sobrecargo, quien tramará una acusación que transformará al prometido feliz en prisionero del castillo de If, y de allí en el misterioso conde de Montecristo, el impostor que regresa del pasado bajo una máscara de lujo para ejercer la venganza.
En la mañana del 24 de febrero de 1815, el vigía de Notre-Dame de la Garde anuncia la llegada del Faraón, un barco de tres palos que regresa a Marsella desde el Mediterráneo. Entre los curiosos que contemplan la entrada del navío se halla el armador Morrel, quien percibe algo anómalo en el regreso: la tripulación navega lentamente, con un aire de luto apenas perceptible. Edmond Dantès, un marinero de diecinueve años con ojos vivos y el temple de quien ha crecido entre riesgos marítimos, comanda la operación de fondeo. Su soltura, su mando natural, su capacidad de anticipar cada movimiento delatan a un hombre destinado a prosperar. El capitán Leclère ha muerto durante la travesía, víctima de una fiebre súbita en Nápoles. Dantès ha asumido el mando sin dudar. Pero mientras el joven marinero trabaja, otros ojos lo observan. Danglars, el sobrecargo del Faraón, hombre de veintiséis años con un rostro sombrío y una disposición a obedecer a los superiores mientras menosprecia a sus subalternos, detecta en la juventud y destreza de Dantès una amenaza. El armador Morrel contempla la posibilidad de ascender a Dantès a capitán, un ascenso que Danglars ve como una usurpación de sus propias esperanzas. Cuando Morrel interroga a Dantès sobre la detención en la isla de Elba, el joven revela que cumplía una orden del capitán Leclère: entregar un paquete al mariscal Bertrand, el emisario de Napoleón. En esa brevísima mención reside la perdición: el paquete, la isla de Elba, la proximidad con el emperador destronado son temas peligrosos en un París vigilante que teme el retorno del corso. Danglars, viendo la oportunidad, sembrará la sospecha sobre esa escala. Afirmará haber visto al capitán Leclère entregar no solo el paquete sino también una carta. La maquinación apenas comienza: Danglars usará la denuncia como arma para destruir al rival que lo opaca. Esta es la historia de una transformación. Un joven marinero, prometido con la hermosa Mercedes, anhelando asumir el mando del Faraón, será arrastrado a las mazmorras del castillo de If por una calumnia tejida en las horas previas a su gloria. Allí, en la soledad y la desesperación, encontrará un compañero de cautiverio que le revelará el secreto de un tesoro oculto en la isla de Montecristo. El escape, el descubrimiento de la riqueza, la asunción de una identidad falsa: todo lo prepara para su regreso no como Edmond Dantès sino como el conde de Montecristo, el magnate que ejecutará una venganza meticulosa contra quienes lo destruyeron.
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