Las murallas de Cañete cercaban la infancia de Álvaro de Luna, hijo no legítimo de la familia Luna nacido en 1390. A los dieciocho años fue llevado a la corte castellana para servir al pequeño rey Juan II.
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Las murallas de Cañete cercaban la infancia de Álvaro de Luna, hijo no legítimo de la familia Luna nacido en 1390. A los dieciocho años fue llevado a la corte castellana para servir al pequeño rey Juan II. Su ascenso como Condestable de Castilla se convertiría en paradigma de grandeza y miseria en la turbulenta Castilla del siglo XV, donde el poder cortesano era frágil como la fortuna.
En la villa de Cañete, junto al río Cabriel, nació en 1390 un niño bautizado como Pedro, hijo del noble Álvaro Martínez de Luna y una dama llamada María Fernández Jaraba, conocida como La Cañeta. Su condición de hijo no legítimo no impidió que la familia Luna, de origen navarro con profundas raíces en Aragón, reconociera su valía. Tras la muerte temprana de su padre, cuando aún era pequeño, el niño fue acogido por sus tíos Juan Martínez de Luna y Pedro de Luna, quien se desempeñaba como arzobispo de Toledo.
Esta biografía novelada de José Serrano Belinchón reconstruye la vida de quien cambió su nombre de Pedro a Álvaro al ser confirmado por el papa Benedicto XIII, su tío abuelo. A los dieciocho años, en las fiestas de Carnaval de 1408, Álvaro fue llevado a la corte castellana como paje del pequeño rey Juan II, en una Castilla que vivía un momento de expansión económica y cultural, cuando apenas hacía un siglo que el fratricidio de Montiel había alterado para siempre el curso de la historia peninsular.
La primera mitad del siglo XV fue testigo de cómo Álvaro de Luna, dotado de inteligencia despierta, cortesía exquisita y una refinada capacidad de seducción, cautivó de inmediato tanto a la familia real como a toda la corte. El pequeño rey Juan II le tomó un afecto que crecería con los años. Su capacidad para el liderazgo, su desenvoltura en los juegos y la danza, su trato elegante, lo convirtieron pronto en referencia entre los jóvenes nobles. Pero bajo estas cualidades cortesanas se ocultaba un gran disimulador, alguien capaz de tejer redes de influencia y poder con la meticulosidad de quien juega al ajedrez.
El texto de Serrano Belinchón examina este ascenso en el contexto de una Castilla sacudida por conflictos constantes entre la nobleza poderosa, encastillada en sus señoríos y armada con ejércitos propios, y una corona que debía negociar su autoridad en cada paso. Es la época de los libros de caballerías, de los torneos cortesanos, de la literatura sentimental, de una aparente vida alegre que enmascaraba intrigas sangrientas. Fue también el tiempo en que Granada seguía resistiendo como último reino musulmán en la Península, mientras la cultura renacentista comenzaba a florecer desde los demás reinos de Occidente.
La caída final de Álvaro de Luna, quien según las crónicas fue degollado después de alcanzar la cúspide del poder, inspiró a poetas y cronistas castellanos para reflexionar sobre la fugacidad de la gloria y la vanidad del poder. Su historia es la trama dramática más significativa del siglo XV castellano.