En una noche de fiesta en un apartamento de la periferia urbana, Gianfranco despliega su poder mediante el dinero, la cocaína y el sexo. Cuando su hija prematura muere en la incubadora, algo se quiebra en su interior.
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En una noche de fiesta en un apartamento de la periferia urbana, Gianfranco despliega su poder mediante el dinero, la cocaína y el sexo. Cuando su hija prematura muere en la incubadora, algo se quiebra en su interior. A partir de entonces, envuelto en la corrosión de las drogas y la violencia, Gianfranco sistemáticamente destruye a quienes lo rodean, ejerciendo dominio absoluto sobre adictos y amantes, en una espiral de poder y degradación que revela la vacuidad de sus triunfos materiales.
En la velada descrita con precisión, Gianfranco reúne a sus allegados en un apartamento de la periferia que representa su imperio improvisado: tres viviendas de protección oficial fundidas en una, con alquiler congelado en setenta euros mensuales mientras él disfruta del lujo que su riqueza emergente le permite. La droga circula, la comida abunda, y bajo su mirada se despliega un ritual de sumisión donde dinero, cocaína y sexo tejen relaciones de poder que parecen inquebrantables.
Pero la fragilidad acecha. Cuando Sabrina, su esposa embarazada, es ingresada de urgencias con apenas veintiséis semanas, Gianfranco se debate entre el negocio de la cocaína y la supervivencia de su hija prematura. En una incubadora en Viterbo, una niña de pocos días lucha por cada respiración hasta que muere. En el depósito mortuorio, el gesto rutinario de un empleado desenrollando una toalla con los restos de Barbara quiebra algo irreversible en Gianfranco.
Lo que sigue es un retrato de la corrosión: un hombre que envejece una década en dieciocho meses, que adelgaza como si incubara enfermedad, que pierde el control en sus torneos de tiro con arco. La cocaína le produce zumbidos; las manos le tiemblan. Pero su verdadera patología es el ejercicio del poder mediante la humillación.
Con Alessio, su amante pasivo, mantiene una relación donde la frialdad ecuménica es afrodisíaco. Con Marcello, su amigo proveedor de droga, alterna la amistad con sesiones de violencia sexual y degradación. Con los obreros y empleados que le deben dinero ejerce una crueldad sistemática que disimula bajo la forma de oportunidades.
La novela explora un universo de periferia urbana donde el dinero otorga impunidad, donde la violencia se anida en la intimidad, donde la muerte de una hija prematura no consigue tocar la coraza que un hombre ha construido alrededor de su vacío.