Noé avistó tierra tras cerrar un grifo cósmico, y en agradecimiento por la masacre que su Dios había perpetrado, quemó animales en un altar purificador.
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Noé avistó tierra tras cerrar un grifo cósmico, y en agradecimiento por la masacre que su Dios había perpetrado, quemó animales en un altar purificador. Este libro traza el camino del creacionismo desde Estados Unidos hasta el resto del mundo, mostrando cómo movimientos fundamentalistas han penetrado gobiernos, escuelas y conciencias de Brasil a Turquía, transformando la educación científica en batalla ideológica. Un análisis detallado de cómo la pseudociencia se disfraza de razón mientras edades y patrias permiten que la fe reemplace definitivamente al método científico.
El sacrificio de Noé tras el diluvio —cuando quemó animales para apaciguar al Dios que acababa de aniquilar toda la vida en la Tierra— sirve como punto de partida para una investigación incómoda: la expansión global del creacionismo como movimiento que impugna la enseñanza científica de la evolución. Lejos de ser un fenómeno exclusivo de Estados Unidos, el creacionismo ha penetrado sistemas educativos en Europa, América Latina, Asia y África, adquiriendo formas cada vez más sofisticadas. En Inglaterra, un millonario fundamentalista cofinancia escuelas donde se enseña la Biblia con el mismo peso que la biología. En Italia, una ministra ultracatólica eliminó la evolución de los planes de estudio. En Serbia, se prohibió su enseñanza bajo la premisa de que requería tiempo igual para el creacionismo. El movimiento ha adoptado también el disfraz del «diseño inteligente», una variante pseudocientífica que rechaza la jerga fundamentalista en favor del lenguaje académico, penetrando así en contextos europeos donde la fe religiosa nunca fue problemática. Figuras como el arzobispo católico Christoph Schönborn han invertido la retórica, afirmando que la evolución neodarwinista es incompatible con la fe —aunque sin reconocer que toda teoría científica, por definición, prescinde de lo sobrenatural. La obra documenta cómo esta cosecha de fundamentalismo ha germinado en Brasil, donde surveys recientes muestran que apenas el 9 % de la población acepta el consenso científico sobre los orígenes humanos. En Turquía, sectas como la BAV amenazan a docentes y distribuyen propaganda antievolucionista con mejor presentación y menores precios que la divulgación científica seria. En Internet, millones de estudiantes encuentran desinformación cuando buscan métodos de datación o ancestros humanos. El libro cierra con una carta directa a un amigo convertido al creacionismo: una invitación a recuperar el pensamiento crítico mientras quedan interrogantes sin respuesta sobre cómo la religión embrutece educativamente a sociedades enteras, y cómo la ciencia puede competir cuando está sistemáticamente desfinanciada.
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