Axel Champlee permanece junto a una ventana cerrada de una habitación de verano, intentando ordenar información fragmentada que acaba de devastar su mundo.
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Axel Champlee permanece junto a una ventana cerrada de una habitación de verano, intentando ordenar información fragmentada que acaba de devastar su mundo. Su hermana Carla le revela una conspiración: su esposa Romaine y su cuñado Kendall están comprando acciones de sus empresas en secreto, financiados por Farofex. Mientras asimila la noticia, Axel experimenta extraños espasmos de vaciedad. Luego descubre que el whisky que bebió fue posiblemente envenenado por su hermana, quien le estaba sugiriendo de forma velada la única solución: matar al traidor.
En una tarde de agosto, dentro de una lujosa habitación de siete ventanas cerradas, Axel Champlee se debate entre la incomprensión y el horror. Su hermana Carla, una mujer de rígida compostura y cabello blanco, acaba de revelarle una verdad devastadora: la única persona a la que confiaba su fortuna es parte de una conspiración para destruirla. Su cuñado Kendall, con acceso privilegiado a los documentos más sensibles de sus empresas, ha estado comprando acciones de Goddard Mills, De Lavelle Textiles y otras corporaciones bajo la apariencia de un hombre aislado, pero financiado realmente por Farofex, la compañía rival que dos veces antes intentó absorber el imperio de los Champlee.
El traidor no actúa solo. La esposa de Axel, Romaine, ha sido su cómplice activa. Ella accedió a la caja fuerte que solo Axel creía conocer, robó la lista de sus posesiones más valiosas y la entregó a Kendall. Lo que comenzó como una aventura extramarital hace más de un año se ha convertido en una conspiración financiera destinada a transferir el control de ISI a Farofex. Quedan apenas dos días para que se complete la operación.
Mientras Axel intenta procesar esta información, su cuerpo comienza a traicionarlo. Experimenta breves pero intensos ataques de vértigo y vaciedad, sensaciones desconocidas para él. Luego advierte algo inquietante: el whisky que bebió no tenía sabor normal. Su hermana lo presenció mientras bebía, pero se negó a probar la bebida. En el momento exacto en que sus defensas mentales se debilitaron por la droga, ella le transmitió una conclusión inevitable: la única manera de detener a Kendall es matarlo.
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