Nathan nace en un mundo donde cada persona recibe el regalo de un único deseo capaz de cumplirse en cualquier momento de su vida. Pero a los dieciocho años, cuando se dispone a viajar lejos de su ciudad por primera vez, descubre que elegir…
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Nathan nace en un mundo donde cada persona recibe el regalo de un único deseo capaz de cumplirse en cualquier momento de su vida. Pero a los dieciocho años, cuando se dispone a viajar lejos de su ciudad por primera vez, descubre que elegir bien podría resultar más difícil de lo imaginado. En la cola del aeropuerto conoce a una chica cuya pulsera declara una advertencia inquietante: jamás desees.
En 2130, en una ciudad fronteriza entre Canadá y Estados Unidos, Nathan crece bajo una premisa única: cada ser humano nace con la capacidad de cumplir un deseo, uno solo, que puede reclamar en cualquier momento de su existencia. Las reglas son claras: no puede tratarse de riqueza material ni de influencia sobre otros, debe ser un anhelo auténtico que represente verdaderamente al que lo pide. Nathan es, en sí mismo, el deseo de su madre: ella no podía tener hijos y empleó su única oportunidad en traerlo al mundo. Una deuda de vida que lo acompaña desde que lo supo, junto con la responsabilidad de no desperdiciar semejante regalo.
Mientras sus compañeros de escuela emplean sus deseos en superpoderes, habilidades extraordinarias o transformaciones físicas, Nathan sigue esperando. A los dieciocho años aún no encuentra aquello que deba pedir. Su perfeccionismo y su naturaleza curiosa lo mantienen en una búsqueda constante, incapaz de comprometerse con una elección de la que podría arrepentirse después. La presión de sus amigos, la sociedad que celebra a quienes ya han utilizado su don, y sus propias dudas lo acosan. Cuando su madre sugiere que quizá necesita un cambio, que la ciudad es demasiado ordenada, demasiado aséptica, Nathan emprende un viaje con su mejor amigo Vareneuv, quien pidió hace años hablar todas las lenguas del mundo.
En el aeropuerto, en la fila de facturación, Nathan ve a una chica. No es el amor a primera vista de las películas, sino algo más perturbador: una obsesión instantánea por descubrirla, por entender cada detalle de sus facciones. Pero cuando se agacha para recoger su maleta, Nathan advierte una pulsera plateada en su muñeca. Inscrita en ella está la frase que lo perturbará durante todo su viaje: jamás desees. Dos palabras que contienen una advertencia que Nathan no puede ignorar.
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