Destry Rogers llega a Santora, un pueblo transformado por el descubrimiento de oro, solo para encontrar que su socio ha muerto bajo circunstancias sospechosas.
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Destry Rogers llega a Santora, un pueblo transformado por el descubrimiento de oro, solo para encontrar que su socio ha muerto bajo circunstancias sospechosas. En una población donde la ley es apenas una fachada y un poderoso hombre controla los destinos de todos, Rogers comienza a desentrañar una red de corrupción, violencia y secretos que lo enfrentará contra fuerzas que no toleran interferencias.
Destry Rogers llega a Santora tras escuchar disparos que rompen el silencio del camino. Encuentra a un hombre muerto en el polvo: James Logan, asesinado por su oro. El nombre aparece en una carta sin respuesta dirigida a su esposa. Santora es un caos de casas precarias y tiendas de campaña, un pueblo transformado en semanas por el hallazgo de pepitas de oro en sus alrededores.
En el pueblo, Rogers descubre que su socio y compañero de viajes, Ben Thurdy, ha muerto hace dos días. Dicen que intentó asaltar el banco y fue acribillado, pero Rogers conoce bien a Thurdy: un hombre de honor que nunca habría cometido tal crimen. Algo está mal en esta historia.
Santora está bajo el control de un único hombre: Lane McCoy, quien ejerce simultáneamente como alguacil, dueño del hotel, del almacén general y del banco. Su palabra es la única ley que existe. Mantiene carteles que prohíben la entrada a la cantina de Lynn Ames, una joven de poco más de veinte años. Quien viola la prohibición enfrenta castigo físico.
Rogers, ignorante de las reglas, entra en busca de cerveza y encuentra a Lynn apuntándole con una escopeta, convencida de que es un secuaz de McCoy. Un matón irrumpe amenazando con romperle una pierna a tiros. Rogers toma la escopeta de Lynn y dispara. El hombre sale muerto. Un comisario llega e intenta cobrarle una multa, pero Rogers paga con desdén y anuncia que volverá a entrar siempre que le plazca.
Al día siguiente, en el banco, Rogers presencia una transacción que lo deja pensativo: el oro se compra a doce dólares la onza cuando el precio real es de dieciocho. Los mineros protestan pero no pueden hacer nada. Los hombres de McCoy controlan la economía. Rogers abre una cuenta y descubre un error: menos dinero del que traía fue registrado.
En Santora, la violencia es cotidiana. Lynn ha aprendido a ver la muerte con aparente indiferencia, aunque sus verdaderos sentimientos contradicen sus palabras. El viajero, quien llegó buscando a su socio, ahora se enfrenta a un misterio mayor: desentrañar la verdad sobre la muerte de Ben Thurdy y desafiar a los poderes que gobiernan Santora.
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