Nick Davis, fiscal de la Oficina del Fiscal General, se dirige al bosque junto al embalse tras recibir información sobre la desaparición de un estudiante universitario.
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Nick Davis, fiscal de la Oficina del Fiscal General, se dirige al bosque junto al embalse tras recibir información sobre la desaparición de un estudiante universitario. Cassandra Randall, observadora de aves, ha reportado haber presenciado el entierro de un posible cadáver durante su búsqueda matutina de ejemplares raros. En una jornada de junio soleada, Nick se adentra al bosque acompañado de su hija adolescente, su asistente de oficina y agentes federales, en una búsqueda donde la tranquilidad del bosque contrasta con lo que permanece enterrado bajo tierra.
Nick Davis trabaja como fiscal en la Oficina del Fiscal General cuando comienza a investigar la desaparición de un estudiante universitario en Rivertown. El caso cobra giros inesperados cuando el agente Chip d’Villafranca del FBI lo contacta con una teoría perturbadora: quizá el paradero del joven no sea una fuga voluntaria, sino una tumba en el bosque junto al embalse.
La pista proviene de Cassandra Randall, observadora de aves que esa madrugada partió en su acostumbrada excursión. Mientras buscaba ejemplares raros, descubrió un agujero reciente cavado en el suelo del bosque, rodeado de tierra fresca y huellas de pasos. Cuando se acercó a investigar, oyó voces de dos hombres aproximándose. Asustada, se ocultó detrás de los árboles. Al salir de su escondite, la evidencia había desaparecido: los hombres habían retirado meticulosamente la tierra superficial con sus helechos, devolviéndola a su lugar anterior.
Nick reúne un grupo heterogéneo para verificar la historia. Viaja en su Volvo familiar acompañado de Cassandra, su hija Lizzy —adolescente que acaba de iniciar sus vacaciones escolares y se sumerge en la lectura de Jane Austen—, y Kenny, su asistente de oficina. El capitán Dorsey de la policía estatal y el agente Chip lo siguen en vehículos separados, transportando equipos especializados. Mientras conducen bajo el calor de una tarde de junio, pasan junto a fábricas abandonadas que bordean el río Aponak como restos de una economía pasada. Finalmente se estacionan junto a la entrada del bosque.
La naturaleza se despliega en su esplendor: mariposas cruzando entre hierbas, asfalto que refleja el calor, insectos en sus ciclos vitales bajo el aire cálido del bosque. Pero la paz se quiebra cuando Dorsey moviliza a sus patrulleros. Cassandra comienza a guiarlos hacia el interior, describiendo un camino de varios minutos hacia el lugar donde esa madrugada vio algo que pudo haberla puesto en peligro: un agujero en la tierra que quizá contenga respuestas sobre un joven desaparecido.