Mientras en Europa se proyecta reemplazar combustibles fósiles con etanol y agrodiesel, decenas de millones de campesinos africanos y latinoamericanos son desplazados de sus tierras para cultivar caña de azúcar y palma aceitera.
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Mientras en Europa se proyecta reemplazar combustibles fósiles con etanol y agrodiesel, decenas de millones de campesinos africanos y latinoamericanos son desplazados de sus tierras para cultivar caña de azúcar y palma aceitera. Este análisis crítico examina cómo la agroenergía, presentada como solución climática, perpetúa un nuevo ciclo de explotación colonial donde el capital obtiene ganancias inmediatas mientras las comunidades y ecosistemas cargan con daños irreversibles.
La obra examina la contradicción central de los agrocombustibles: promocionados como respuesta verde a la crisis climática, revelan en su operación real un mecanismo de explotación que reproduce patrones coloniales. El autor analiza cómo la lógica capitalista, que calcula ganancias a corto plazo e ignora deliberadamente las “externalidades” (daños ecológicos y sociales no contabilizados), ha transformado la búsqueda de energías renovables en una guerra semántica donde las palabras enmascaran la devastación.
A través de casos concretos y geográficamente específicos —desde plantaciones de jatrofa en Guinea-Bissau financiadas por capital chino, hasta acuerdos entre Brasil y la Unión Europea para expandir monocultivos de caña de azúcar que abastezcan Europa—, el libro demuestra cómo decenas de millones de campesinos son desplazados de sus tierras, ecosistemas únicos desaparecen, suelos se contaminan y aguas se degradan, mientras corporaciones multinacionales y gobiernos del Sur y del Norte aseguran márgenes de ganancia inmediata. La contraposición entre “tanques repletos y platos vacíos” resume la paradoja: mientras se produce combustible, crisis alimentarias se intensifican y la pobreza se profundiza.
El análisis rechaza tanto el discurso apocalíptico impotente como la propaganda de “biosoluciones” tecnológicas que prometen resolver todo mediante la iniciativa privada sin restricciones. Desde una perspectiva histórica y dialéctica, el autor argumenta que el problema no reside en la energía renovable en sí, sino en su producción bajo relaciones capitalistas de monopolio. Una agroenergía diferente —respetando biodiversidad, agricultura campesina y necesidades locales, sin intervención de gran capital— sería viable, pero radicalmente incompatible con los parámetros del sistema vigente. La obra se inscribe en la búsqueda de justicia y en la construcción de una lógica económica que privilegie el equilibrio ecológico y el bienestar humano sobre la acumulación.
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