En los corredores del Cuartel General del Ejército del Aire, un veterano comandante responde con lacónica brevedad cuando le preguntan por su estado: «Soy un superviviente».
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En los corredores del Cuartel General del Ejército del Aire, un veterano comandante responde con lacónica brevedad cuando le preguntan por su estado: «Soy un superviviente». Joaquín Madolell Estévez resume así una vida de vicisitudes: combatiente en la División Azul durante la Segunda Guerra Mundial, pionero del paracaidismo en España, y agente doble infiltrado en los servicios secretos soviéticos. Entre 1964 y 1967, bajo la Operación Mari, desarticuló la red de espionaje militar del GRU en el sur de Europa. Esta misión lo llevó a Moscú con documentación falsa para recibir formación en técnicas de inteligencia. El relato reconstruye aquella operación de contraespionaje de la Guerra Fría española.
La noche del 19 de mayo de 1967, la agencia de noticias TASS anuncia un cambio en la dirección de la KGB. Los analistas estadounidenses atribuirían la causa a una «reciente exposición del espionaje soviético». Meses atrás, el 22 de marzo, las principales capitales europeas recibían noticia de una detención en Turín: Giorgio Rinaldi, piloto y paracaidista italiano; su esposa Angela Maria Antoniola, y su chófer. Los tres fueron acusados de traición. Pocos sabían que tras aquella detención se ocultaba un español, un paracaidista del Ejército del Aire convertido en agente doble, cuya infiltración en la inteligencia soviética había expuesto la vasta red del GRU en el Mediterráneo.
Joaquín Madolell Estévez nació en Melilla en 1923, hijo de un jornalero ferroviario. Huérfano desde el parto, creció en un orfanato de las Hijas de la Caridad. A los dieciocho años se alistó como voluntario en el Ejército del Aire. Su juventud lo llevó a Rusia durante la Segunda Guerra Mundial como parte de la División Azul, donde participó en más de cien combates aéreos. Regresó a España portando cicatrices visibles e invisibles. Poco después, se presentó voluntario para formación en paracaidismo en Alcantarilla, elección que lo transformaría. Se convirtió en instructor de saltadores y en 1955 establecería un récord nacional de apertura retardada en caída libre.
Fue en los círculos del paracaidismo donde Madolell conocería a Giorgio Rinaldi, el italiano que lo reclutaría para una operación de contraespionaje. Durante tres años, entre 1964 y 1967, trabajó como agente doble bajo dirección del Alto Estado Mayor español y la CIA. Su tarea consistía en suministrar información falsa o insustancial a los soviéticos mientras la inteligencia occidental observaba a la red del GRU desplegarse. El trabajo exigía nervios de acero. No era ejercicio de mesa, sino infiltración en una de las agencias más implacables del mundo. La operación alcanzó su punto de máxima tensión cuando viajó a Moscú con documentación falsa, donde agentes rusos lo entrenaron en microfilmación, transmisión de mensajes cifrados, micropuntos y escritura invisible.
El silencio que rodeó a Madolell tras la operación fue tan profundo como la misión misma. Compañeros de despacho nunca supieron de su participación en la División Azul, ni mucho menos de su trabajo como espía. La reconstrucción de esta historia enfrenta la ausencia de documentación desclasificada, característica de la España de aquella época. Testimonios de militares e inteligentes que trabajaron junto a él, junto con archivos militares y documentación familiar, permiten recobrar la hazaña de un hombre que puso su vida en riesgo para desarticular la amenaza soviética en el corazón de Europa.
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