Un Marine Espacial despierta en un campo de batalla envuelto en niebla, su cuerpo destrozado por una explosión. Aunque sufre amnesia sobre su propia identidad, los reflejos de años de entrenamiento toman control cuando enjambres de orkos…
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Un Marine Espacial despierta en un campo de batalla envuelto en niebla, su cuerpo destrozado por una explosión. Aunque sufre amnesia sobre su propia identidad, los reflejos de años de entrenamiento toman control cuando enjambres de orkos avanzan sobre él. Entre el dolor insoportable y los últimos latidos de su corazón, el guerrero se aferra a su deber: mantener la línea hasta que llegue refuerzo, aunque sepa que está muriendo. Su nombre se perderá, pero su sacrificio quedará grabado en la historia del Capítulo.
En un campo de batalla envuelto en niebla, un Marine Espacial de los Grifos Aullantes despierta entre los escombros de una explosión devastadora. Su servo-armadura, marcada por innumerables cicatrices de combate, apenas lo sostiene. Su cuerpo modificado genéticamente se está desmoronando: su corazón secundario ha cesado de latir, padece una hemorragia interna masiva y su órgano de Larraman falla esporádicamente. Los sensores internos de su armadura indican que la muerte llegará en cuestión de minutos. Pero hay algo aún más desconcertante que el dolor físico: ha perdido su nombre. Puede recordar a sus hermanos de batalla, sus títulos como Sción de Guilliman, pero su identidad personal se ha esfumado.
Sin embargo, la memoria muscular permanece. Su capitán ordenó que mantuviera la línea, que asegurara la cabeza de playa. Los orkos no deben atravesarla bajo ningún concepto. Aunque cada movimiento envía oleadas de agonía a través de su cuerpo destrozado, el guerrero se obliga a levantarse. Su bólter ruge, sembrando muerte entre los alienígenas que emergen de la niebla. Cuerpos caen bajo sus disparos, sus puños, su espada de combate.
Es un acto de resistencia casi imposible: un guerrero muriendo que se niega a rendirse, que cumple su deber a costa de su propia existencia. La lucha es brutal. El orko más grande lo derriba, lo inmoviliza con su garra mecánica, triturando su brazo mientras prepara el golpe final. Todo parece perdido.
Entonces llega el rescate. Las figuras de oro y carmesí de sus hermanos Grifos Aullantes aparecen en la distancia, sus bólteres humeantes, sus voces gritando lo que debe ser su nombre. El Marine Espacial no puede entender las palabras, solo oye el débil eco de su propio pulso menguante. No importa. Ha mantenido la línea. Ha cumplido con su deber hasta el final. Su nombre se añadirá al cuadro de honor del Capítulo, un recordatorio eterno de que los Grifos Aullantes nunca se rinden.
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