Los tambores retumban en las montañas de Dacia durante el solsticio de invierno. Braso aguarda con otros mensajeros mientras un ritual ancestral determina quién ascenderá hacia un mundo desconocido, quién será considerado puro ante los…
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Los tambores retumban en las montañas de Dacia durante el solsticio de invierno. Braso aguarda con otros mensajeros mientras un ritual ancestral determina quién ascenderá hacia un mundo desconocido, quién será considerado puro ante los dioses. A tres días de distancia, en el fuerte romano de Piroboridava, el centurión Sabino prepara la transición de mando al veterano Ferox y sus britanos. Mientras Decébalo, rey de Dacia, ve aproximarse la guerra que ha esperado, la frontera del Danubio tiembla bajo el peso de dos imperios.
En las cumbres de Dacia, mientras la nieve cubre el solsticio de invierno, los tambores rituales marcan un ritmo que parece provenir de la montaña misma. Braso, uno de tres mensajeros elegidos, aguarda descalzo sobre el hielo, su mente flotando entre mundos por el caldo sagrado que le dio el sacerdote. Los latidos de los tambores son sus latidos. No siente frío, sino la proximidad de algo transformador. El ritual es antiguo y sin piedad. Los puros pueden lanzarse desde lo alto de una roca hacia las lanzas que aguardan abajo y alcanzar otro mundo. Los impuros caerán. Un sacerdote vestido de negro, rostro como sombra, supervisa todo. Cuando llega el momento, Braso observa sin poder intervenir. El primer mensajero grita: ha fracasado. Los tambores redoblan. El rey Decébalo, con sus barbas negras y sonrisa blanca, lo observa. A tres días de distancia, en el fuerte romano de Piroboridava, otro mundo se despliega. La nieve cae lentamente en la torre de vigilancia mientras el centurión Sabino recibe al veterano Ferox, un britano al servicio de Roma. Sabino es joven, con aspecto casi infantil, pero apreciado por sus hombres. Ferox es diferente: veterano de guerra, ojos grises que guardan historias oscuras. Su instinto, afilado por años de campaña, le advierte que algo acecha. Mientras Sabino bromea sobre los árboles del bosque—única compañía en ese lugar desolado—Ferox mantiene su vigilancia. Los legionarios anhelan marcharse, pero Ferox siente que el tiempo de paz se agota. En Dacia, un rey prepara la guerra. En Roma, los soldados cuentan días. Y en la frontera, el Danubio fluye indiferente entre dos mundos que están a punto de chocar.