En una cueva remota, un anciano de barba larga escucha las voces incesantes de la Tierra que piden más tiempo. Es el Padre Tiempo, desterrado a escuchar eternamente las súplicas de quien quiere vivir más.
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En una cueva remota, un anciano de barba larga escucha las voces incesantes de la Tierra que piden más tiempo. Es el Padre Tiempo, desterrado a escuchar eternamente las súplicas de quien quiere vivir más. En el presente, Sarah, una adolescente, cuenta los minutos que la separan de su cita; Victor, un anciano enfermo, calcula cuánto tiempo le queda. En el pasado, Dor, un niño diferente, descubre cómo medir el tiempo y cambia para siempre el curso de la historia humana. Una novela que entrelaza pasado y presente para explorar qué significa el tiempo en nuestras vidas.
En una cueva remota, un hombre de barba larga sostiene su cabeza entre las manos. Lleva una eternidad allí, escuchando voces incesantes que brotan de un charco: son las voces de los habitantes de la Tierra pidiendo una sola cosa: tiempo. Es el Padre Tiempo, desterrado a presenciar eternamente las súplicas de quienes desean vivir más. Entre esas voces está la de Sarah Lemon, una adolescente que mira una foto de un chico guapo en su teléfono móvil. Son las ocho y media de la tarde, la hora de su cita, y ella cuenta frenéticamente los minutos mientras elige qué ponerse, qué hacer con su cabello, cómo verse diferente. Quiere que el tiempo corra deprisa hasta el encuentro, luego quiere que se ralentice durante el encuentro mismo. También está la voz de Victor Delamonte, un hombre rico de ochenta y cinco años que acaba de escuchar del médico que no hay gran cosa que hacer. Sus riñones fallan. Mientras su esposa Grace intenta procesar las noticias en la sala contigua, Victor calcula en silencio cuántos meses, semanas o quizás días le quedan. Pero la historia comienza hace mucho, en los albores de la humanidad, cuando tres niños corren por una montaña: Dor, Nim y Alli. Dor es diferente de los otros. Mientras ellos juegan, él cuenta. Agrupa piedras, hace muescas en palos, intenta capturar la esencia de los números. Un día, observando la sombra de un palo proyectada por el sol, descubre algo que cambiará para siempre el curso de la historia. Alli, la niña con la que crece y con la que finalmente se casará, es su constante. Nim se convierte en un rey poderoso, construye torres y acumula riquezas. Dor se dedica a medir. Crea el primer reloj de sol, el primer reloj de manecillas, los primeros calendarios. Sin saberlo, inventa la medición del tiempo. Y con ello, introduce en la humanidad el miedo que ningún otro ser vivo conoce: el miedo a que se acabe el tiempo. Esta novela entrelaza tres momentos: el pasado ancestral de Dor y su descubrimiento; el presente fragmentado de Sarah y Victor, cada uno lidiando con su propia relación con el tiempo; y la eternidad del Padre Tiempo escuchando desde su cueva los ruegos de quienes nunca tendrán suficiente tiempo.
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