Genevieve huye por un bosque oscurecido, perseguida por el hombre al que teme más que a la muerte. Su desesperación se transforma en sorpresa cuando se cruza con Bevan MacEgan, un guerrero irlandés que lucha por recobrar sus tierras de los…
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Genevieve huye por un bosque oscurecido, perseguida por el hombre al que teme más que a la muerte. Su desesperación se transforma en sorpresa cuando se cruza con Bevan MacEgan, un guerrero irlandés que lucha por recobrar sus tierras de los invasores normandos. Entre enemigos ancestrales, la política tejida en Tara y una alianza matrimonial inevitable, ambos descubrirán que el honor y la venganza no son suficientes para contener el destino.
En el bosque de la isla de Erin, Genevieve de Renalt corre entre árboles y arbustos, sus pulmones quemándose, sus manos ensangrentadas por el esfuerzo desesperado. No es la fuga casual de quien busca aventura: es la huida de una mujer que ha decidido que el riesgo de la muerte es preferible a la certeza del sufrimiento. Detrás de ella, el galope de un caballo—el de sir Hugh Marstowe, su prometido, el hombre que la controla con puños cerrados.
Genevieve había sido enviada a Rionallís con la expectativa de un matrimonio honorable. Su padre la encomendó al cuidado de tutores, confiado en que su hija estaría segura bajo la supervisión de un hombre de respetabilidad. Pero Hugh es otro hombre en privado: es un depredador que ha encontrado en las tierras irlandesas su feudo y en su prometida el instrumento perfecto para asegurar su poder. Las semanas bajo su yugo han sido un descenso gradual al terror.
En la colina, cuando la persecución alcanza su límite, Genevieve ve algo inesperado. Hombres a caballo. Guerreros con ropas celtas. Irlandeses. Enemigos de los normandos que ocupan esas tierras. Uno de ellos cabalga solo, la observa, irradiando la autoridad silenciosa de quien tiene el dominio absoluto del terreno. Es Bevan MacEgan, un señor de guerra que lucha por recobrar lo que le fue arrebatado.
La tensión en ese instante es imposible. Un normando persigue a la mujer. Una mujer normanda implora ayuda a un enemigo irlandés. Bevan, que ha visto correr a Genevieve desde antes, entiende el cálculo político: una rehén normanda podría ser el trueque que necesita para recuperar su fortaleza. Pero cuando ella le pide auxilio en su lengua, cuando ve el terror genuino en sus ojos, algo en él se quiebra.
Bevan MacEgan había jurado no volver a enamorarse. Había visto a su esposa caer en manos de asaltantes normandos, impotente para salvarla. Había llevado esa culpa como una losa. Ahora, frente a una mujer que necesita protección, enfrenta la misma terrible elección: arriesgar su misión militar por salvarla, o permitir que sucumba. Elige actuar, aunque sepa que compromete todo lo que ha planeado.
La intervención de Bevan lo cambia todo. Captura a Genevieve para protegerla, no para dominarla, y de pronto se ve atrapado en una telaraña de política, venganza y consecuencias impredecibles. El rey Enrique ha ordenado la boda. El rey irlandés espera la alianza. Y entre los asuntos de coronas, surge algo que nadie anticipó: dos personas que aprendieron a temer a través del sufrimiento y ahora deben aprender a confiar a través del otro.
Orgulloso y fuerte, Bevan mantiene la distancia emocional, decidido a no quebrarse de nuevo. Pero Genevieve, que ha vivido bajo las manos crueles de Hugh, reconoce en el guerrero irlandés algo que no esperaba encontrar: la posibilidad de ser vista como algo más que una posesión, de ser oída, de respirar.
La isla de Erin en el año 1171 es un territorio en disputa, un reino donde los normandos avanzan y los irlandeses resisten. Pero el verdadero campo de batalla es el corazón de dos personas que deben aprender a cruzar el abismo entre sus pueblos para encontrar lo único que ambos perdieron: la seguridad de sentir que no están solos.
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