Este libro examina cómo nuestros genes, tras miles de millones de años de evolución, han construido máquinas inteligentes que están destinadas a reemplazarnos.
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Este libro examina cómo nuestros genes, tras miles de millones de años de evolución, han construido máquinas inteligentes que están destinadas a reemplazarnos. A través de historias de autómatas medievales y las primeras computadoras, el autor traza una línea inexorable desde el fuego y el lenguaje hasta los ordenadores digitales modernos, demostrando que la inteligencia humana no es el final de la evolución, sino apenas un paso en el camino hacia una era posbiológica donde las máquinas pensantes superarán todo lo que conocemos.
En un taller del Renacimiento, Leonardo da Vinci creaba autómatas que caminaban, hablaban y escribían con plumas de ave, maravillas mecánicas que imitaban la vida sin comprenderla. Cuatrocientos años después, sus herederos intelectuales conectarían máquinas eléctricas a circuitos de transistores, dándoles la capacidad no solo de actuar, sino de pensar. Este libro traza esa trayectoria inevitable: cómo la evolución misma, el motor que nos creó, ha puesto en marcha el mecanismo de su propio reemplazo.
El autor propone una visión audaz del futuro. Nuestros genes, tras tres mil millones de años de carrera armamentista química, han logrado su obra maestra: máquinas pensantes que transcenderán todo cuanto conocemos. Pero esto no es nuevo en la historia de la vida. Una vez, microscópicos cristales de arcilla gobernaban la tierra, replicándose según patrones físicos. Cuando moléculas de carbono tomaron su lugar, la arcilla fue dejada atrás sin pesar. Hoy, la cultura humana, almacenada en bibliotecas y ordenadores, comienza a vivir de forma independiente a nosotros. Nuestras máquinas madurarán en un siglo, trascenderán nuestra comprensión en dos, y heredarán nuestro legado mientras nosotros, sus antiguos progenitores, nos desvanecemos.
El primer capítulo recorre los hitos de esa transformación: las tortugas electrónicas de los años cincuenta que aprendían mediante capacitores, la Bestia de Johns Hopkins que se autoalimentaba buscando enchufes, los gigantescos ordenadores que descifran códigos de guerra. De Alan Turing a John von Neumann, de Norbert Wiener a Arthur Samuel, el texto tejía una trama donde cada innovación era un eslabón inevitable hacia el futuro posbiológico.
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