Una osa regenta una pequeña posada forestal donde conviven un topo, una ardilla listada, un gato, pájaros diversos, una oveja y un ciervo. Cada noche, tras la cena, los huéspedes se reúnen para conversar.
Descargar
Una osa regenta una pequeña posada forestal donde conviven un topo, una ardilla listada, un gato, pájaros diversos, una oveja y un ciervo. Cada noche, tras la cena, los huéspedes se reúnen para conversar. La osa impone su orden: pulcritud, inquilinos solventes, conversadores de calidad. Bajo su anfitrionía meticulosa y sus ojos de color desigual —uno marrón, otro azul—, la comunidad prospera. Pero hay en ella una soledad que distingue su estar del de los otros animales.
En lo profundo de un bosque poblado de guaridas y madrigueras, una osa de carácter fuerte regenta una pequeña posada. Su hotel acoge a un topo ciego, una ardilla listada, un gato, pájaros diversos, una oveja y un ciervo. Cada huésped lleva consigo sus costumbres y caprichos. La osa es exigente: antes que nada, pulcritud. Aborrece los nidos llenos de basura, los huesos sobre las camas, el polvillo disperso. Su sentido de la afinidad le permite elegir a sus inquilinos con cuidado. A cambio de su severidad, ofrece confort: salidas despejadas para el topo, frondas para el ciervo, lugares soleados para el gato, un árbol para que la ardilla trepe. Los pájaros requieren sus plantas especiales, sus gusanos selectos. Todo tiene un precio, pero ella lo cubre con dedicación. El hotel prospera. Los huéspedes son buenos pagadores, se reúnen cada noche para conversar. La osa ha elevado la conversación a un arte: rechaza a los enfurruñados, a los melancólicos, a los desconsolados. Valora las voces potentes en las veladas musicales, aprecia las historias de la oveja, tolera con severidad fingida cuando los animales se suben a su regazo. Esos momentos, cuando todos se reúnen —el ciervo apoyando su mejilla en su hombro, la oveja alisándose la lana, la ardilla y el gato acurrucados contra ella—, parecen constituir lo que la osa más estima. Sin embargo, hay en ella una soledad que la distingue de los otros. Bajo su apariencia de anfitriona cuidadosa, bajo su paso saltarín casi musical, hay un pasado intrincado que nadie logra adivinar. Posee un ojo marrón y otro azul —particularidad que primero suscitó chismes, pero que terminó por encantarlos—. Cuando suena la música que la embelesa, los animales sienten cambiar algo en ella: una ensoñación, una lejanía interior. No comparte sus sueños como los otros. Guarda su secreto. Mientras tanto, recibe constantemente solicitudes de nuevos huéspedes: una zorra viuda, un búho que ha perdido la audición, todos suplicando entrada. La osa rechaza expandirse, no quiere el lugar abarrotado, no desea añadir túneles ni buhardillas. Pero es esta generación la que toca a la puerta. Y ella sabe por qué sus huéspedes permanecen: porque allí está la osa, porque ella lo hace prosperar todo a su alrededor.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.