En el salón de una coctelería madrileña, una mujer que dirige el Departamento de Revisión y Corrección de Textos conversa con un lingüista jubilado sobre manuales de estilo y el buen uso del español.
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En el salón de una coctelería madrileña, una mujer que dirige el Departamento de Revisión y Corrección de Textos conversa con un lingüista jubilado sobre manuales de estilo y el buen uso del español. De esa conversación surgirá un libro singular: una colección de aventuras de Leonor Ibáñez investigando y resolviendo los enigmas ortográficos que aquejan a una sociedad profundamente dividida. En un mundo donde la ortografía se convirtió en motivo de conflicto, esta funcionaría se dedica a corregir textos y a educar en las reglas del idioma, con historias que mezclan humor, didactismo y la peculiar realidad de quienes cuidan la lengua escrita.
Fascinación, se titula el prólogo de este singular volumen, y describe cómo Alberto Gómez Font, lingüista retirado tras más de tres décadas en el Departamento del Español Urgente, conoce a Leonor Ibáñez, jefa del RECOTE —el Departamento de Revisión y Corrección de Textos— en Madrid. Su encuentro, en los barrocos salones de la Casa de América, desemboca en una serie de encuentros en las mejores coctelerías madrileñas, donde ambos descubren una pasión compartida: la ortografía y los manuales de estilo. Entre copas de cócteles y visitas a bibliotecas privadas, Leonor encarga a Alberto que escriba el prólogo de su libro: una recopilación de casos reales de su trabajo como correctora de textos.
El libro se sitúa en un mundo imaginario surgido tras la adopción de la nueva Ortografía de 2010. La sociedad quedó escindida: negacionistas que rechazaban los cambios; abolicionistas que querían eliminar toda norma; y reglistas que perseguían un equilibrio. El caos resultante obligó a crear el COPO, el Cuerpo Oficial de Protección de la Ortografía, y su rama de élite, el RECOTE, destinada a vigilar la corrección impecable de textos en todo el territorio hispanohablante.
El primer caso que se desarrolla en profundidad es magistral en su simplicidad. Paco Merlo, frutero de profesión y nuevo presidente de una comunidad de vecinos, acude desesperado a Leonor Ibáñez. Sus circulares para los vecinos no funcionan: nadie le obedece, nadie recoge basura ni cierra puertas. Leonor, con su implacable ojo de correctora, descubre el problema: Merlo usa infinitivos donde debería usar imperativos. Sus órdenes no son órdenes porque gramaticalmente carecen de autoridad. Lo que sigue es una lección magistral sobre la diferencia entre ‘recoger’ y ‘recoged’, entre nombrar una acción y ordenarla. El infinitivo es casi un sustantivo, explica Leonor; el imperativo, en cambio, ordena. De ahí su semejanza con ‘emperador’.
La obra combina la ficción aventurera con la docencia rigurosa. Cada caso es una lección: cómo los errores ortográficos y gramaticales afectan la comunicación, cómo un punto mal colocado o una consonante equivocada pueden cambiar el sentido de una circular, un contrato o un decreto. El tono es lúdico y accesible, lejos de la pedantería, pero sin renunciar a la precisión. Se dirige tanto a lectores interesados en la lengua como a aquellos que descubrirán que la gramática puede ser materia de intriga y diversión.