Julius Winsome vive en aislamiento en una remota cabaña de Maine, rodeado de libros heredados y la compañía de su perro Hobbes. Un disparo de caza cambia para siempre su existencia discreta cuando el animal es abatido cerca de su hogar.
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Julius Winsome vive en aislamiento en una remota cabaña de Maine, rodeado de libros heredados y la compañía de su perro Hobbes. Un disparo de caza cambia para siempre su existencia discreta cuando el animal es abatido cerca de su hogar. Con Hobbes muerto, Julius se queda con el silencio de los bosques, sus libros y un antiguo fusil familiar. La muerte de lo único vivo que lo acompañaba abre una grieta en su retirada del mundo.
Julius Winsome lee junto a la estufa en su cabaña remota del bosque de Maine cuando un disparo atraviesa el silencio. Eran las tres de la tarde de un lunes frío de finales de octubre. Suelta el libro de Chéjov que lo tenía absorto y nota que su perro no está. Lo llama desde el porche, varias veces, pero Hobbes no regresa. Busca en el bosque, grita su nombre hasta que cae la tarde. Finalmente lo encuentra en el claro, herido de bala, entre sus flores protegidas con bolsas de plástico.
Julius Winsome vive solo en una cabaña de Maine, entre miles de libros que su padre le legó. Esos libros recubren las paredes desde la sala hasta la cocina y los dormitorios, cuidadosamente ordenados y clasificados alfabéticamente. La cabaña es su refugio, un lugar de silencio y soledad, construida hace décadas por su abuelo acadiano francés. Julius tiene cincuenta años, nunca se casó. Su única compañía es su perro Hobbes, lo único vivo que lo acompaña en esa existencia discreta.
Cuando el disparo resuena cerca de la cabaña, Julius supone que es un cazador más. Los bosques del norte de Maine están llenos de hombres armados durante la temporada de caza. Pero algo en el sonido le advierte que fue demasiado cercano. Su incertidumbre crece mientras espera el regreso de Hobbes, mientras lo busca en la oscuridad que avanza. Finalmente lo encuentra herido en el claro de flores. El veterinario de Fort Kent descubre que fue un disparo a bocajarro, que quien lo hizo conocía al perro. Hobbes muere esa noche.
Con el perro muerto, Julius pierde lo único que lo vinculaba a la vida en común. Hobbes era lo último que le quedaba de un amor antiguo y breve. Su duelo es silencioso, como todo en su vida. Lo entierra bajo las flores, en el mismo lugar donde lo encontró. Julius vuelve a la cabaña, a sus libros, a su silencio. La muerte de su único compañero abre una grieta en su existencia retirada.
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