Un funcionario de bajo rango perseguido por su propia angustia en las calles de San Petersburgo. Tras perder todo en la devastadora inundación de 1824, Eugenio siente que la estatua ecuestre de Pedro el Grande lo acecha en la noche,…
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Un funcionario de bajo rango perseguido por su propia angustia en las calles de San Petersburgo. Tras perder todo en la devastadora inundación de 1824, Eugenio siente que la estatua ecuestre de Pedro el Grande lo acecha en la noche, encarnación de un poder que destruye a los hombres pequeños. Poema de madurez de Pushkin donde la grandeza histórica de la ciudad choca irremediablemente contra la fragilidad de una vida ordinaria.
La noche del 7 de noviembre de 1824, San Petersburgo se despierta bajo el asalto del agua. Mientras la ciudad que Pedro el Grande soñó como ventana de Europa se desmorona bajo la inundación, un funcionario de modesta categoría llamado Eugenio lo pierde todo. Su novia perece arrastrada por la riada, su casa desaparece en el tumulto de las aguas. Solo el delirio permanece como brújula en la oscuridad. Cuando la cordura se quiebra, la estatua ecuestre del zar reformador que domina la plaza cobra vida en la mente del desdichado Eugenio. El monumento de bronce que celebra el genio civilizador y la transformación de Rusia se convierte en su verdugo. Una noche de desesperación, ve a la efigie de Pedro elevarse en la oscuridad y lanzarse a su persecución por las calles empapadas de la capital. No hay reposo, no hay refugio posible. El pequeño hombre de baja categoría es perseguido por el poder inmenso, por la historia misma que lo ha aplastado sin piedad. Pushkin construye aquí una de sus obras de madurez más enigmáticas: un poema en el que la magnificencia histórica y arquitectónica de San Petersburgo se alza como monumento sobre las ruinas de una sola vida ordinaria. El exordio glorificador que ensalza al monarca y a su ciudad cede paso a un relato de angustia y pesadilla donde no hay reconciliación posible entre la grandeza del Estado y la fragilidad del individuo. El conflicto moral persiste sin resolverse, dejando solo la imagen aterradora del jinete de bronce persiguiendo a su presa por las noches de la ciudad, mientras el pobre Eugenio vaga demente y hambiento hasta que las aguas de la primavera devuelven su cuerpo sin vida a las orillas del Neva.
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