Un tirachinas dispara dos proyectiles mortales contra un par de pájaros minás. Mick Vincent, electricista de Newcastle, los observa caer desde su casa heredada con una sonrisa de victoria.
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Un tirachinas dispara dos proyectiles mortales contra un par de pájaros minás. Mick Vincent, electricista de Newcastle, los observa caer desde su casa heredada con una sonrisa de victoria. Pero es apenas el principio de una historia donde este hombre aparentemente ordinario, que ama a Jesse y un viejo Buick amarillo de 1936, debe enfrentar la culpa, la reparación y los cambios que llegan cuando una anciana vende un coche guardado en un garaje durante años. Un relato de vidas intersectadas en una ciudad costera australiana, donde los secretos duermen bajo capas de polvo.
En una casa con vistas al puerto de Newcastle, un tirachinas dispara su proyectil mortal contra un par de pájaros minás. Mick Vincent, electricista de esta ciudad costera australiana, baja el arma con una sonrisa. El acto marca apenas el comienzo de una novela que indaga en las capas ocultas de una existencia que parece simple a primera vista pero contiene complejidades profundas.
Mick vive rodeado de los rituales cotidianos que definen la clase trabajadora de Newcastle: amigos del barrio que beben cerveza, juegan al rugby, hacen bodysurf. Su novia es Jesse, una mujer inteligente y ávida lectora que dirige una librería especializada en temas de occultismo y pensamiento especulativo. La conoció hace dos años en el hotel Gladstone y desde entonces se convirtió en su brújula y su amor. Mick posee también otro amor: un Buick Roadmaster amarillo de 1936, símbolo de libertad y de los viajes hacia Puerto Stephens o el valle Hunter.
Pero hace tres semanas ocurrió lo que Mick no pudo evitar: la muerte de Mark Brooks, su socio en la empresa de servicios eléctricos. Un accidente laboral absurdo en Speers Point, una descarga eléctrica y una caída. El funeral fue traumático; la familia de Mark lo culpó, y Mick se culpó a sí mismo. Se retiró del trabajo, encerrado en la pregunta de por qué no estaba allí. Jesse, pacientemente, lo ayuda a salir de ese pozo oscuro.
Cuando finalmente acepta volver, surge un problema: el Buick está varado en el taller con una pieza rota, casi imposible de conseguir. Un amigo mecánico le ofrece una solución: una anciana en New Lambton vende un automóvil viejo guardado años en un garaje. Cuando Mick se dirige a esa dirección en una hermosa mañana de primavera, no sabe que está a punto de entrar en un territorio donde los secretos duermen bajo capas de polvo, donde un coche olvidado contiene más que óxido y metal.