Helena lleva doce años durmiendo solo en la mitad izquierda de la cama. La otra mitad quedó vacía cuando Miguel se fue, harto de una felicidad que para ella era más asfixiante que cualquier secreto.
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Helena lleva doce años durmiendo solo en la mitad izquierda de la cama. La otra mitad quedó vacía cuando Miguel se fue, harto de una felicidad que para ella era más asfixiante que cualquier secreto. Periodista consagrada, ha construido una carrera reporteando historias ajenas mientras la suya propia se desmorona en las mañanas bajo la ducha, en los encuentros clandestinos que le devolvían la sensación de estar viva. Ahora, con su padre muerto y su hija lejos, se prepara para conocer a Fernando, un hombre preso que jura ser inocente.
Desde que se despierta cada mañana, Helena observa el vacío que ocupa la mitad derecha de la cama matrimonial, testigo silencioso de doce años de separación. Su marido Miguel se marchó un día, diciendo que no podía más con aquella felicidad que se había convertido en una enfermedad crónica, aunque reconoció que la quería bastante—palabra que Helena todavía rumiaba, bastante, como si fuera lo mismo que nada.
Periodista de prestigio consagrada en un diario de renombre, Helena ha construido su carrera reporteando las vidas rotas de otros mientras la suya propia se descomponía en secretos mantenidos con precisión quirúrgica. Bajo la ducha, mientras el agua le recorre la piel, piensa en los dedos que la tocaban en lugares que su esposo nunca supo localizar, en las noches que vivía en una dimensión paralela a la de su familia, a la de su hija Amanda y sus fines de semana de excursión.
Con la muerte reciente de su padre Félix, ese hombre de rizos negros y sonrisa enorme que le ofrecía miel en la cuchara cuando era niña, Helena siente cómo los pilares de su vida se desmorona. Ya no tiene los encuentros que la mantenían viva. El trabajo, ese bastión que la salvó durante años, ha perdido su capacidad anestésica.
Cuando una historia la atrapa—la de Fernando, un hombre preso de sesenta años que afirma ser inocente de un crimen que supuestamente cometió—, Helena ve en ella algo que no puede ignorar: la violencia implícita que reconoce en los pliegues más oscuros de su propia existencia. Fernando será su próximo reportaje, pero mientras se prepara para el encuentro en el café Universal, Helena no sabe que esta historia de un hombre atrapado en la cárcel reflejará, de manera inesperada, los confines en los que ella misma está aprisionada.
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